Cartaya

Abre sus puertas la Ermita de la Cruz de los Milagros de Cartaya tras su restauración

Con una gran satisfacción y emoción han vivido las vecinas de la Cruz de los Milagros la apertura de la Ermita del mismo nombre y que se ubica en dicha calle, tras la culminación de los trabajos de rehabilitación del edificio, que data del siglo XIX y que después de encontrarse en un estado de abandono y semiderruido desde hace treinta años, ha vuelto a abrir sus puertas de nuevo.

Y lo ha hecho con un aspecto que ha sorprendido gratamente a quienes no han tenido la oportunidad de seguir a pie de obra los trabajos de restauración, que “siete meses después del inicio de las obras, se han encontrado con un edificio totalmente renovado y ampliado que en nada se parece al que se encontraba abandonado y semiderruido hace sólo unos meses”.

Así lo explicaba Gabriela Macías González, miembro del grupo de vecinas de la calle Cruz de los Milagros, donde se ubica el histórico edificio, que en 2015 empezaron a luchar por esta recuperación y a realizar acciones para recaudar fondos y que ayer tarde recibieron el reconocimiento de toda la sociedad cartayera “por su esfuerzo incansable, su perseverancia, su tesón y su empeño, porque su empuje ha hecho posible que estemos hoy aquí”.

Fue el propio alcalde, Juan Miguel Polo, el que, además de hacerle entrega de un reconocimiento municipal por su labor, agradeció “de corazón”, el “ejemplo y la auténtica hazaña que este grupo de vecinas, encabezadas por Gabriela, ha conseguido”. “Porque han sido ellas, -añadió el primer edil-, las que más han luchado por cada ladrillo que aquí se ha colocado, no sólo poniendo en marcha iniciativas para recaudar fondos, a las que han respondido los cartayeros y cartayeras con gran solidaridad, sino también empujando al Ayuntamiento y a la Iglesia a recuperar este edificio”.

Para la consecución del proyecto, que ha supuesto una inversión superior a los 100.000 euros, explicó Polo, se han sumado los esfuerzos de las vecinas, que han conseguido los fondos a partir de iniciativas en las que ha colaborado la sociedad cartayera; del Ayuntamiento, que ha aportado el proyecto, la dirección facultativa y la mano de obra; y la Iglesia, concretamente el Obispado, que ha financiado la construcción de dos nuevas salas de uso dotacional-religioso, que se asientan sobre una superficie nueva de 78 metros cuadrados y que suponen una ampliación sobre el edificio original.

Ha sido, señalaron tanto el primer edil como el Obispo de la Diócesis de Huelva, José Vilaplana, “un esfuerzo de todos, cuyo único objetivo es que la sociedad cartayera en su conjunto pueda disfrutar de este espacio, que forma parte de nuestra historia, y al que no sólo hemos querido devolverle su aspecto, sino también mejorar las dotaciones con las que contaba y ponerlo al servicio de los/as ciudadanos/as”.

El proyecto, “que ha permitido recuperar un espacio emblemático de nuestro patrimonio”, ha consistido en la ejecución de una nueva fachada y un nuevo cerramiento, con el objetivo “de reconstruir y recuperar la ermita que, aunque pequeñita, es de un gran valor arquitectónico y es un bien patrimonial del municipio, y también de ponerla en valor y recuperar la zona colindante”.

Especialmente agradecidas se mostraron las vecinas “por el resultado y por el apoyo”, tanto con el Obispo, como con el cura párroco de la localidad, Manuel Domínguez Lepe, y con el alcalde, y las áreas municipales de Urbanismo y Obras y Servicios, “por cumplir la promesa que nos realizó”. También hubo palabras de reconocimiento al trabajo realizado por el artista José María Carrasco Sala, autor de las pinturas del interior de la ermita.

Los representantes de las distintas hermandades, colectivos sociales y asociaciones de la localidad arroparon a los/as vecinos/as en un día prácticamente festivo en la Cruz de los Milagros, que comenzó a las 18:00 horas de la tarde con un Rosario que partió de la Iglesia del Apóstol San Pedro, y que culminó media hora después a las puertas de la recién restaurada ermita.

Después de una sencilla ceremonia religiosa en la que tanto el alcalde como el Obispo firmaron el acta de finalización de la obra, y en la que el primer edil hizo entrega de los planos del edificio a José Vilaplana, se descubrió un azulejo conmemorativo de tan esperado momento.

Se cerró la histórica jornada con el reconocimiento a la labor de las cinco vecinas que impulsaron desde el primer momento el proyecto, esto es, Gabriela Macías González, Pepi Rodríguez González, Charo Rodríguez Ojeda, Kika Soria Barbosa y Manoli Martín Novoa, y con una visita por el restaurado edificio.

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