Firmas

Aluvión de prólogos

Podría decirse que, de un tiempo a esta parte, mi vida parece convertida en un jubiloso aluvión de prólogos, si no fuera porque esa tendencia deriva de una circunstancia mucho menos gratificante, por lo que tiene de irreversible: por más lindezas que te digan cuando cumples años -como acaba de ocurrirme- lo cierto es que uno anda ya pisando de pleno el epílogo de su vida, aunque realmente no sea mala cosa porque denota que has vivido tanto a lo largo como a lo ancho, aunque también sea una jodienda constatar, de este ingrato modo, que perteneces a la última generación de españoles empeñados en respetar las normas gramaticales cuando escribe en dispositivos electrónicos, como este terminal LG en que redacto día tras día estos cuatro párrafos…

Si en 2016 fui yo quien debió pedir a Luz Casal y a Nacho Canut un prólogo y un epílogo, respectivamente, para arropar por delante y por detrás la selección de mis letras de canciones reunidas en el librito ‘Palabra bajo palabra’, ahora se han invertido los términos y soy yo quien anda redactando textos como si realmente me dedicara a la escritura, y estudiar periodismo de joven en la Complutense no hubiera sido un desvarío más de aquel momento, más allá de estas letras de canciones escritas al alimón con Luz, Alaska y Nacho, preferentemente, o bien en solitario para mis paisanos de Avíate!, que por su continuidad a lo largo del tiempo no pueden entenderse ya como una cuestión coyuntural, sino tan definitiva como otras dedicaciones curtidas también entre mil dudas…

‘Epitafios incompletos’, el nuevo libro de poemas de mi paisana Marisa Domínguez Borrallo, se presentó ayer tarde en Huelva con un prólogo mío, y en breve le llegará el turno a la reedición de aquel espléndido álbum, ‘Camino Soria’, que Gabinete Caligari editó en 1997 y para la que me solicitaron un texto desde su discográfica, como responsable que fui de su solución gráfica, tres décadas atrás, cuando los pecados todavía eran más dulces que un zapato de raso…

Pero, además, embarcado como estoy en la puesta en marcha de la exposición ‘Andalucía, imagen y palabra’, también he tenido que prologar el catálogo de este diálogo entre artes y letras del sur, que se presentará el 22 de marzo en la muy lorquiana Huerta de San Vicente, de Granada. Y si además se contabilizan estos postigos, con tanta dedicación a la escritura, voy a terminar preguntándome si, cuando debí elegir trayectoria de vida, acaso no equivoqué mi rumbo, por más que Sally Bowles me recuerde una vez más, mostrando sus uñas verdes, que en el fondo “nunca se sabe” cuándo acertamos, o cuándo erramos, en nuestra vida.

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