Firmas

Amor de medusa

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Tarjeta de Sycet 'Amor de medusa'

Supongo que como casi todos los niños españoles de mi generación, yo descubrí el uso de tarjetas para felicitar las navidades con aquellas que, firmadas por Ferrandiz, inundaban cada diciembre las papelerías de toda la península -y en Gibraleón el escaparate de la Imprenta Roca- con aquellos personajes tan tiernos y mofletudos rodeados de toda la parafernalia navideña, cuando uno todavía no entendía por qué los mayores las llamaban christmas, ni tampoco que podían llegar a ser el paradigma de lo kitsch.

Pasado el tiempo, ya de adulto y dedicado a las labores de pintor, durante años yo preparaba y enviaba cada diciembre una pequeña serigrafía, numerada y firmada, a cien personas entre amigos y clientes, obras seriadas de las que ya no conservo ni los ejemplares para mi archivo, pero que algunos amigos guardan como oro en paño, y de mano de uno de ellos -gracias, J.M.Blanco- hoy puedo ilustrar este postigo con “Amor de medusa”, una de aquellas serigrafías.

Pero hubo un año -¿quizás coincidiendo con el cambio de siglo?- en el que entré definitivamente en crisis con esta costumbre universal, porque no me resultaba muy coherente con lo antinavideño que yo he sido desde que tengo uso de razón, así que en aquella última ocasión envié a modo de despedida una serigrafía de mi amiga Blanca Sánchez, y no mía, acompañada de una nota en la que justificaba mi cambio de parecer. Y desde entonces hasta hoy, aquí sigo viviendo con resignación, entre dramas y comedias, la llegada cada año de la pesadilla navideña…

Pero eso no quita para que todavía me siga gustando recibir alguna felicitación impresa, ahora que ya casi todo el mundo desea sus mejores deseos a través del móvil, y más cuando son tan cuidadas como las que envía Fangoria, de unos años a esta parte compartidas con Nancys Rubias: si en este 2017 que entra se cumplen 50 años de la edición del ‘Sarget Peppers’ de The Beatles, nada mejor que celebrarlo con una réplica en toda regla de tan deslumbrante portada.

Y, así, brindar por un año más con la esperanza de llegar a cumplir el centenar, mientras estos tarjetones se convierten en preciados fetiches para muchos coleccionistas compulsivos.

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