Firmas

Amores

Cuando editó “Amores” en 1970, Mari Trini había vuelto a España después de foguearse en Londres y París, como era costumbre entre algunos cantautores españoles, para respirar otros ambientes menos crispados que el español de entonces y poder nutrirse de las fuentes que dominaban el mundo –el pop inglés y la chanson francesa–, después de haber arrinconado a la canción melódica italiana, que era la había dominado la escena europea durante la década de los ’50 y el arranque de los ‘60.

Puede que fuera por eso, y por llegar de París ya con un par de discos bajo el brazo, que Mari Trini –para mí fue todo un referente durante mis años mozos– incluyera en su álbum de debut en España una emotiva versión de “Ne me quitte pas”: era un afortunado puente entre su pasado y su presente, y le servía de aviso para navegantes: como autora de sus canciones, ese guiño a la cultura gala a través de la más intensa canción de Jacques Brel despejaba cualquier duda sobre sus intenciones.

Pero para ser “Amores” el álbum de una cantautora me resultó sorprendente que también incluyera un clásico latinoamericano, “Amanecí en tus brazos”, y que en su siguiente álbum, el de mayor popularidad a través de “Yo no soy esa”, repitiera esa fórmula al grabar “Que seas feliz”, que ya era una canción popular –escrita por la mexicana Consuelo Velázquez, también autora del universal “Bésame mucho”– aunque yo la descubriera en la voz de Mari Trini, y su versión ya quedara para mí como la definitiva, y como la más noble declaración de principios tras una ruptura sentimental.

Como a casi todo el mundo, en las relaciones sentimentales a veces me han dejado, y también a veces he sido yo quien ha decidido cortar amarras, pero al despedirme en cualquiera de esas circunstancias siempre he podido entonar para mis adentros este “Que seas feliz” y desear lo mejor a quien entonces salía de mi vida. Pero –paradojas de la vida– he tenido que llegar a viejo para que me dejen de lado por no creer en mis palabras y pensar que vivo en una perpetua ficción, como si estuviera viviendo dentro de una canción –y escribiéndola, según la vivía– que no se ajusta en nada a la realidad.

…por esas cosas tan extrañas de la vida, justo como dice esta canción.

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