Almonte

Así recibió Almonte a su Madre

(Texto y fotos: Plan Venida)

Caía el sol de pleno y pesaba el peso de tantas horas, de tantas emociones, de un camino realmente exigente. Como ayer para las tres de la tarde, faltaban hoy quince minutos para las doce del mediodía cuando la Virgen del Rocío y Almonte, su pueblo, ponían fin a siete años de espera. Las abuelas y los abuelos almonteños la miraban y se refregaban los ojos: ¿quién se lo hubiera dicho hace siete primaveras cuando la veían irse sin saber si la verían volver? Pero ya volvió y ante sí la tienen. Por eso se refregaban los ojos y se agarraban fuertes de la mano mientras le daban gracias a la vida por tanta vida. A quince para las doce entraba la Pastora en su casa de la Asunción, donde le aguardan nueve meses recibiendo piropos un poquito más íntimos que de costumbre porque las Venidas, si algo tienen, es que dejan a cero las distancias entre Ella y ellos, entre sus cosas. Las salvas de escopeta, como coreografiadas, hacían temblar a la plaza entera, presumida con su nueva Catedral Efímera y la estampa de la primera vez de la Virgen pasando por entre sus columnas de nuevo tiempo. Antes, le llovieron pétalos de mil colores desde el balcón del Ayuntamiento, aunque más que nunca mantuvo la Virgen baja su mirada para ver mejor a los mayores que ocupan el porche del consistorio para disfrutar todo lo cerca posible de otra llegada más, de otra vez su Madre en Almonte. Una espléndida iniciativa del equipo de gobierno municipal.

Incluso antes que todo ello, se paseó hermosa la Señora por cada calle para Ella adornada como sólo su pueblo saber hacer. Olía a Doñana prendada en el romero de los palos, al tiempo que jugueteaban alborotadas por el aire las miles de flores de papel de seda blanco que cubrieron el cielo de Almonte para rendir honores a su Patrona. Una declaración de amor declarada desde el primero de los arcos recuperado de la antigua Catedral Efímera al final ya del camino de arena y a la entrada de ese otro camino de tantos brazos abiertos. Apuraba la noche sus últimas horas mientras que las primeras claras -aunque tenues todavía- amenazaban con despertar al amanecer antes de que la Virgen del Rocío alcanzara el Alto del Molinillo. Que se había acumulado cierto retraso durante el traslado por Los Llanos y esa hermosa tradición del primer rayo de sol mesándole la cara corría peligro. Pero no, que ya se encargó Almonte con cumplir con cada una de sus horas. Y unos minutos antes de que amaneciera, allí estaba el pueblo aupando a su Reina -esta vez, Pastora- al alto desde el que Ella desciende para darse en plenitud. Obraron prestas las camaristas para desvestirla del capote que la cubrió de tanto polvo. Y obró pronto don Francisco Jesús Martín Sirgo, el párroco de Almonte, para descubrirle el rostro y que, entonces sí, el primer rayo de sol se lo mesara.

Cruzó la Virgen El Chaparral sin prisas ya. Quedaba atrás un camino duro, en el que, a falta de datos oficiales, la sensación es que, como cabía prever, hubo más gente que nunca. ¿De dónde puede salir tanta gente? ¿Cómo es posible que quepa tanta gente en la estrechez del pasillo de las parcelas? ¿Cómo es posible que, miraras adonde miraras, sólo se vieran hombres, mujeres, jóvenes, niños, abuelos y abuelas impregnando de clamor y multitud el eco tan callado siempre de esos los pinos? Brutal. Ya lo confirmarán los datos, pero es posible que ésta de 2019 sea la Venida más participada de la historia. Y no pasó nada. Y todo fue como tiene que ser, como se anhela y como siempre es en las cosas del Rocío. La colaboración ciudadana que tanto se había reclamado fue intachable. Y el trabajo de todos y cada uno de los mil profesionales que han formado parte del Plan Territorial de Emergencias de Andalucía y del Municipal de Almonte, absolutamente impecable. Son los verdaderos ángeles de la guarda de tantas almas como allí cupieron para renovar la vigencia de algo tan evidente como una catedral de grande: que la Venida de la Virgen, como todas las cosas del Rocío, no es de este tiempo, sino de todos los tiempos y que no tiene parangón con ningún otro evento en el mundo. Fueron veintiuna horas de tiempo, veintiuna horas de magia…

(Fotos: Producciones Doñana y Alberto Díaz)

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