Firmas

Café pendiente

(Texto: Silverio Victoria) Vaya por delante que la idea no es mía, sino que viene de lejos. Surgió allá por el año 2008 en Nápoles, Italia.

En esta época de crisis, de necesidades, de gente que lo pasa mal, que sobrevive a duras penas y que está en peligro extremo de soledad y exclusión social, cualquier idea que suponga un apoyo, por pequeño que sea, es bienvenida.

Quien quisiese podría aportar su granito de arena a esta iniciativa, por lo que insto al lector que no sepa de qué va esto que escribo, a que se informe al respecto y que arrime el hombro, pues entre todos podemos poner una sonrisa en el rostro ajeno.

La idea supone una cadena de consumiciones de café. El consumidor paga el suyo primero y deja pagado uno o varios más, en carácter de “pendientes”, para quienes no puedan pagarlo. Cuando las personas sin recursos económicos preguntan si hay algún café pendiente, si es el caso se le invita a un café que pagó previamente otro consumidor.

La idea es simple, pero de tremenda utilidad, y sería de gran ayuda para aquel que en esta época de frío, pudiera tomar algo caliente que le ayude a seguir y suponga un empujón y respaldo en su, probablemente, difícil situación.

La iniciativa nació hace más de un siglo en Nápoles, Italia. Cuando un obrero tenía algo que celebrar, bebía un café y dejaba otro ‘caffè sospeso’ para quien viniese luego y no pudiese pagarlo. Un acto de solidaridad completamente anónimo para quien lo recibe. Cualquier local puede sumarse a la iniciativa sin más que anunciarlo a sus clientes.

Desconozco si en Huelva existe algún local que facilite esta iniciativa, pero sería magnífico que algun establecimiento brindase esta posibilidad. Si así fuera, yo estaría dispuesto a dejar los cafés pendientes que fueran necesarios si esta opción fuera plausible y se pudiese poner en marcha.

Un café, un zumo, un bocadillo, una tostada, un desayuno, un refresco, una botella de agua, un colacao… La cuestión es que entre todos podamos echar una mano en esta época tan difícil para todos.

Con una pregunta tan sencilla, realizada en cualquier bar que se animase a participar, del tipo “¿tiene usted un café pendiente?”, alguien que lo necesitase podría beneficiarse de la iniciativa sin temer por su identidad y privacidad, y sin sentirse avergonzado ni mal por ello, pues nadie se enteraría.

Un café pendiente. Me parece una idea fantástica. Ojalá entre todos la viviéramos y la hiciésemos posible. Yo querría ese café si lo necesitase. Y usted también.

Pendiente queda de que pueda llevarse a cabo.

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