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Cláusulas por los suelos

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Cualquier banquero, empleado de banco o cliente, podría hoy decir que el negocio de los bancos y las relaciones con los clientes, ya no son lo que tradicionalmente han sido.

Hace mucho, la gente guardaba los ahorros en casa. El banco le decía< tráigamelos que además de protegerlos le voy a dar intereses> .Hoy estamos a punto, no solo de que no nos den rentabilidad, sino de que nos cobren por tener custodiado el dinero.

Antes, los bancos estaban ávidos de abrir cuentas corrientes con una mínima imposición. Hoy, no abren cuenta a cualquiera, estudian al posible cliente y lo selecciona, hasta el punto de rechazar peticiones de la gente más modesta.

Llegaron las comisiones, como consecuencia de la bajada paulatina de los intereses a aplicar y de la merma de las ganancias. Con las comisiones se está diciendo a los usuarios que el banco presta unos servicios que hay que pagar. Nacen los cajeros automáticos, la autogestión del usuario vía internet, la disminución de empleados y sucursales etc. etc.

El problema para el ciudadano es que todo el tinglado económico-social está montado alrededor del concepto BANCA y es imposible renunciar a él, si es que quiere estar integrado económicamente en la sociedad. Lo único que se puede hacer es estar vigilante, cambiarse de banco e incluso-llegado el caso- acudir a asociaciones de defensa del consumidor. En definitiva, abandonar la pereza.

Aparte lo dicho, el período de merma galopante de ganancias ha continuado para la banca y su problema es : ¿cómo mantener e incrementar los resultados del negocio?. Para ello , ha recurrido tanto a productos de dudosa compresión y alto riesgo para el cliente, como a cláusulas de sospechosa legalidad en los contratos. Ya saben…………… las preferentes, los gastos de constitución de hipotecas y las cláusulas suelo de las mismas.

El cliente llega a la conclusión de que está siendo acosado y derribado económicamente por el banco. Toma la determinación de unirse a otros clientes y denunciar la situación a los tribunales de justicia. Como consecuencia, se fallan unas sentencias que tiran por tierra algunas cláusulas de los contratos sobre los productos mencionados. El cliente se beneficia porque recupera el dinero y el banco se perjudica ante la reposición de partidas a devolver.

En este nuevo contexto sectorial de bajos tipos, altos costes regulatorios y seguridad jurídica mermada por los fallos sobre las mencionadas cláusulas; la banca busca nuevos caminos para la mejora la rentabilidad del negocio. El cliente, a corto y medio plazo, sufrirá las consecuencias de más y mayores comisiones por los servicios, así como duras condiciones para acceder a préstamos personales e hipotecarios.

La realidad es que la sociedad necesita de la banca y, esta, debe ganar dinero moderadamente. El cliente debe ver al banco como un servicio inevitable, y aceptar que recurrir mínimamente a ese servicio le va a suponer costes.

Posturas de ambas partes que no vayan por la comprensión de esos conceptos, crearán egoísmo, confusión, indiferencia y hasta desestabilización social.

“El gran problema de la sociedad actual se centra en que no podemos vivir sin los bancos, pero no podremos sobrevivir con los actuales banqueros.” Alberto Vázquez Figueroa

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