Firmas

Duquesa de Franco y Grande de España

El Valle de los Caídos, donde reposan los restos del dictador / Pixabay

Aquí, en España, se le concede un título nobiliario potentísimo a la nieta de un dictador con su nombre. Carmen Martínez-Bordíu ya es duquesa de Franco y Grande de España.

El Rey Emérito, el Bonachón, creó ese diplomita para su madre “por sus excepcionales merecimientos”. Ahí queda eso. Olé, arsa, tracatrá. Este mismo rey, que es inviolable por la gracia de dios y la soberanía nacional, no será investigado por su posible implicación en unos asuntos feotes, de esos que manejan los ricachos, en unas grabaciones de una de sus múltiples “amigas especiales”, Corinna.

Este Rey, y toda su prole y casta majestuosa, acude a los toros, olé otra vez, y arsa, y tracatrá, porque aquí, en España, se permite que un acto repugnante como el de asesinar a un pobre animal siga siendo fiesta nacional.

Y así, cómo nos va a extrañar que tengamos que asistir al espectáculo bochornoso de entender que los políticos no pactan, que no importamos, que la gente no le duele a nadie, que somos los nadies de Eduardo Galeano, los que no sabemos qué pasa, los del hastío viendo cómo se van a ir de vacaciones dejando el país embarrado, la casa por barrer, la comida por hacer y el polvo convertido en lodo nauseabundo, pues no hay olor más hediondo que el de aquí, el de las cloacas de este desangelado país en que llevan convirtiendo España por los siglos de los siglos.

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