Firmas

El calendaria de la discordio

(Silverio Victoria) Hoy día está muy en boga, como no podía ser de otra forma, la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Ambos sexos deben ser iguales en lo que a derechos, obligaciones, posibilidades, opciones laborales y/o capacidades o facultades que se puedan pensar.

Estoy de acuerdo en todo eso y, por tanto, estoy por la labor de que no se diferencie entre hombres y mujeres y que, para todo, se prime a la humanidad y se hable de personas, dejando a un lado que se tenga uno u otro sexo.

Y creo que, afortunadamente, la sociedad va cambiando en esto de lo que hablo. Solo hay que mirar la publicidad que ahora vivimos en los medios de comunicación, la cual ha evolucionado hacia eliminar de su parrilla anuncios con alto contenido machista. No hace mucho tiempo, por ejemplo, un determinado Brandy nos decía que ese coñac era “cosa de hombres” y, por otro lado, una atractiva mujer buscaba a Jac’s vestida con una sugerente y ceñida ropa.

Es entendible, por tanto, que esa forma de diferenciar entre hombres y mujeres se deba cambiar. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es llevar el tema al ridículo más tremendo. Y eso es lo que ha pasado, bajo mi punto de vista personal, tras la chirriante noticia que ha salido días atrás: resulta que desde la Universidad de Granada se ha tenido la “brillante” idea, para llamar la atención sobre la desigualdad entre sexos, de editar un calendario poniendo todos los nombres de los meses en femenino. Por tanto ya no hay enero, sino enera, no existe febrero ni agosto, sino febrera y agosta. Y así con cada uno de los meses del año.

Desde que cierta lumbreras utilizase la dicotomía absurda de miembros y miembras, el asunto de equiparar todo en el lenguaje se ha ido de las manos. Es que por este orden de cosas, tendríamos ahora policíos, futbolistos, ajedrecistos, trapecistos, trompetistos, pianiatos, periodistos, panaderíos, tenistos o atletos. Además, nuestras almos subirían al ciela al morir, usaríamos las palabros que manda el cerebra, nos dolería la cabezo o la espaldo, cortaríamos con tijeros, arreglaríamos nuestras uños, utilizaríamos la boco para hablar y estaría usted leyendo este texta a través de una pantallo.

En fin, ironios a parte, creo que exagerar el temo no hace mós que caer en vergüenzo ajeno. Y es que en esta Españo donde vivimos, nos gusto rizor el riza demasiada y caemos en lo absurda demasiado a la ligero, y no se tiene conciencio de lo que muchos veces sale en la prenso.

Sí. Soy conscienta de que chirría leer este texta, al igual que me soná mal a mí ese calendaria de la discordio.

Tengan ustedes un buen dío y mejor febrero y resto del aña.

Un cordial saluda.

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