Inteligencia Emocional

El camino a la virtud a través de nuestras fortalezas

¿Qué rasgos psicológicos nos ayudan a alcanzar el Coraje, la Humanidad, la Trascendencia, la Templanza, la Justicia y la Sabiduría-Conocimiento?

La Psicología siempre ha estado asociada al sufrimiento, al trauma, a los aspectos negativos. Sin embargo, a finales de la década de los 90, el entonces presidente de la American Psychological Association (APA), Martin P. Seligman, padre de la llamada Psicología positiva junto a Christopher Peterson, sentaron las bases de la Psicología positiva, dejando a un lado ese análisis tradicional que enfatizaba las patologías, los trastornos mentales y poniendo el acento en el lado positivo, las fortalezas y virtudes del ser humano.

Uno de los referentes en el campo de la Psicología Positiva es María Dolores Avia, catedrática de Psicología por la UCM, autora de la obra Optimismo inteligente junto a Carmelo Vázquez, y miembro del equipo docente multidisciplinar del Máster en Inteligencia Emocional, Psicología Positiva, Neurociencia, Coaching y estudio científico de la felicidad.

De las principales aportaciones de Seligman (Universidad de Pensilvania) y Peterson (Universidad de Michigan) respecto a la Psicología positiva y las Emociones positivas, podemos destacar las fortalezas del carácter (Character Strengths and Virtues: A Handbook and Classification, 2003), es decir, aquellos rasgos o ‘caminos’ para alcanzar las seis virtudes humanas, a saber: Coraje, Humanidad, Trascendencia, Templanza, Justicia y Sabiduría-Conocimiento.

Las fortalezas son universales, permanecen en cada una de las etapas de la vida, y están bien valoradas en todas las culturas

La clasificación de rasgos positivos (o fortalezas) que fomentan las emociones positivas y conforman estas virtudes tiene un extenso y arduo trabajo de investigación detrás –de un gran número de culturas, religiones y textos filosóficos–, y puede decirse que las fortalezas son universales, permanecen en cada una de las etapas de la vida, y siempre están bien valoradas. Como lo expresa María Dolores Avia: “La presencia de la fortaleza está asociada a la salud mental positiva”.

En torno al carácter –que no temperamento– Seligman y Peterson, por consenso y basándose en los aportes de la historia, la religión, la filosofía o la espiritualidad, establecen una clasificación de 24 fortalezas que se manifiestan a partir de seis virtudes, universales y valoradas en todas las culturas.

Ambos autores desarrollaron el test VIA de fortalezas psicológicas, cuestionario con 240 ítems al objeto de clasificar y medir las fortalezas y virtudes de cada persona.

De las referidas virtudes del carácter surgen las fortalezas, características psicológicas que se pueden estudiar, investigar, entrenar y, por tanto, modificar. Estas virtudes y sus fortalezas son:

Coraje: las fortalezas que se derivan del coraje son el valor (sin temor ante las dificultades o retos), la integridad (relacionado con la autenticidad, con ser honesto), la vitalidad (entusiasmo y energía) y la perseverancia (decisión, acabar con lo que se comienza).

Humanidad: podrían distinguirse tres fortalezas, como son el amor, la inteligencia social (y emocional) y la amabilidad. Solidaridad, altruismo o empatía podrían ser características generales.

Trascendencia: comprende fortalezas como la Apreciación de la belleza y la excelencia, la gratitud, la esperanza, el humor y la espiritualidad (no confundir con religiosidad). La Dra. Dolores Avia afirma que la esperanza es el “punto más álgido del optimsimo”, e incluso matiza uno de los dichos más conocidos: del “Donde hay vida, hay esperanza”, al “Donde hay esperanza, hay vida”.

Templanza: en esta virtud hablamos de fortalezas como la autorregulación (o autocontrol), la prudencia, la humildad (modestia) y el perdón.

Justicia: Ciudadanía (o civismo), equidad (imparcialidad) y liderazgo son las fortalezas de esta virtud, vinculada al gregarismo y a la prosocialidad.

Sabiduría y conocimiento: esta virtud comprende importantísimas fortalezas como lo son la creatividad (no solamente en la expresión artística, originalidad), la curiosidad, la mentalidad abierta (juicio, pensamiento crítico), el amor por el conocimiento y la perspectiva.


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