Inteligencia Emocional

El constructo del Bienestar Subjetivo es el que más se aproxima a la felicidad

El catedrático Rafael Bisquerra expone en el Máster de Inteligencia emocional del Instituto Psicobiológico la importancia de la Educación Emocional y el Bienestar subjetivo en pro de nuestra Felicidad.

Felicidad y bienestar son dos términos que suelen emplearse indistintamente para referirse a una misma cosa. La investigación científica ha preferido utilizar el segundo término, frente a la grandilocuencia que tiene implícita la palabra felicidad. El Diccionario de la Real Academia (RAE) define el bienestar como el “conjunto de las cosas necesarias para vivir bien” (primera acepción); “vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad”; y “estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”.

Uno de los mayores expertos en bienestar, inteligencia y educación emocional es el catedrático barcelonés Rafael Bisquerra (Universidad de Barcelona), quien profundiza en la tercera acepción y sostiene que bienestar emocional –o subjetivo– es la expresión más apropiada para referirse a la felicidad, porque “la felicidad y el bienestar son al final estados interiores, y lo que deseamos en esta vida son estados interiores que nos permitan tomar conciencia sobre nuestro bienestar”.

«Es clave entrenar y fomentar las emociones positivas»

Para Bisquerra Alzina – autor de importantes obras como Educación emocional y Bienestar (2000), La inteligencia emocional en la educación (2015) o Universo de Emociones (2015), y que forma parte del equipo docente multidisciplinar del Máster en Inteligencia Emocional del Instituto Psicobiológico–, el bienestar emocional es el “grado en que una persona juzga favorablemente la calidad global de su vida”, y entre sus características fundamentales se encuentra el fomento de emociones positivas (alegría) y la ausencia de negativas (ansiedad, estrés, ira, tristeza, etc.).

Pétalos de la felicidad

El Dr. Bisquerra Alzina hace una clara distinción entre el bienestar objetivo y el subjetivo. El primero tiene entre sus vertientes el bienestar material (economía, desarrollo tecnológico, confort), el social (derechos humanos, libertades, democracia, servicios sociales, etc.) y el físico (salud, alimentación, actividad física…). Y es precisamente la segunda rama, la subjetiva, la que resulta más atractiva e interesante desde el punto de vista científico.

Para este estudio científico de la felicidad, el Dr. Bisquerra ha diseñado la llamada Flor de Benicia (palabra que procede de benestar i ciència), y cada uno de sus cinco pétalos corresponde a un tipo de bienestar (emocional, material, profesional, social y físico), e insiste el experto en que es el bienestar subjetivo el que más se aproxima a la felicidad, y “precisamente es en el que menos estamos entrenados”. Del bienestar subjetivo existen además dos vertientes: el bienestar emocional y el psicológico. El primero vendría dado por los sentidos y el placer (hedónico), mientras que el segundo (eudemónico) tiene una concepción más aristotélica, para el desarrollo armónico del potencial humano. Un equilibrio entre todos estos ‘bienestares’, posiblemente, garantizaría la felicidad.

«El bienestar emocional es el que más se aproxima a la felicidad, y es precisamente en el que menos entrenados estamos»

 

¿Qué importancia tiene el dinero?

“Ninguno de los tipos de bienestar es tan esencial para la felicidad como lo es el emocional, si bien el resto puede contribuir”, afirma Rafael Bisquerra, que sin restar importancia al bienestar material –traducido en el poder adquisitivo y tener las necesidades básicas cubiertas–, afirma que “su relación con la felicidad , a pesar de lo que pudiera pensarse, es muy sutil”. Las estadísticas demuestran que a pesar de que el nivel de ingresos per capita ha experimentado un crecimiento considerable en el último medio siglo, el nivel de bienestar subjetivo ha permanecido estable. Obviamente, en aquellas personas y familias con mayores dificultades económicas existe una relación más clara entre renta y bienestar. Pero el dinero, se insiste una vez más, no es lo más importante para la felicidad. “Hay un cierto punto donde el bienestar ya es interior”. Además, a medida que se avanza en la edad, disminuye la importancia otorgada al dinero y aumenta la que se le atribuye a la salud para este ‘cálculo’ de la felicidad.

El bienestar profesional también tiene un peso importante, ya que todos pasamos la mayor parte de nuestras vidas en el trabajo, que además de sueldo significa autorrealización y autosatisfacción. Y en cuanto a la salud, es un marcador que cada vez está teniendo más consideración e importancia, compartiendo la definición que nos proporciona la misma OMS, que refiere la salud como “bienestar físico, mental y social”, y no únicamente la carencia o ausencia de enfermedad o discapacidad.

Fomentar una buena gestión emocional

No cabe duda de que para lograr el bienestar emocional se precisa una óptima gestión de las emociones –o poseer buenas competencias emocionales–, es decir, que aquí la Inteligencia Emocional juega un papel clave de cara a la búsqueda de las emociones positivas, que son las que configuran al fin y al cabo nuestro bienestar. Bisquerra, en el marco de la Educación Emocional, defiende que deben manejarse las emociones de forma apropiada, desarrollar o potenciar competencia para una expresión emocional apropiada, una regulación correcta de emociones y sentimientos (impulsividad, tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos, etcétera), habilidades para afrontar retos y situaciones de conflicto, y capacidad para autogenerar emociones positivas. Precisamente, el bienestar es uno de los objetivos de la Educación emocional, a fin de proporcionarnos las herramientas necesarias para hacer frente a las emociones negativas y sus nocivos efectos.


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