Firmas

Esta gente… o Rigoberto

Permítanme presentarles a Rigoberto. Es un señor que vivía debajo de un puente desde hace más de diez años. Sí. Aunque le cueste creerlo, en nuestra sociedad, en nuestras ciudades, hay gente que vive en la calle. Que pasa hambre y frío. No hablo de países subdesarrollados. Hablo de España. Siglo XXI. El otro día, por fin, y tras mucho insistir, decidió entrar en el albergue de personas sin hogar donde trabajo. Pueden imaginar su estado. Sucio. Con mal olor. Con problemas de alcohol y drogas. Carece de toda documentación vigente. No sabe siquiera si está empadronado. Tiene el DNI caducado desde hace doce años y, por supuesto, no dispone de tarjeta sanitaria… Sin hablar de su precario estado físico. Tiene una pierna amputada por un error médico y se encuentra muy deteriorado tras todo este tiempo sin ninguna atención y viviendo solo.

Persona sin hogar durmiendo a la intemperie en la zona de Callao de Madrid.

El otro día, durante una entrevista con él, comenzó a sangrar, inexplicablemente, por los ojos. Goteaba. Era algo aterrador. Tenía que ir a urgencias inmediatamente, pero él se mostraba reacio, así que decidí acompañarlo yo. Cuando nos vio la médica responsable —quien, por cierto, nos trató de manera maravillosa—, le dijo que tenía una lesión ocular, y que precisaba una atención en la consulta de oftalmología. Me entregó el informe diciéndome que era importante que solicitáramos cita con su oftalmólogo, pero si no iba a acudir a la cita, lo mejor era no solicitarla, porque esta gente colapsa el servicio. Comprendo que no es la primera vez que alguien que ha solicitado una cita médica con un especialista no acude, de ahí la desconfianza de la médica. ¿A quién no le ha ocurrido? Estoy convencido de que usted jamás ha olvidado una cita médica. Quizá esta gente no va porque entre sus prioridades no está esperar casi un año para recibir una atención médica, aunque sea muy urgente. Quizá, esta gente debe preocuparse por algo tan nimio como saber dónde va a dormir hoy. O qué va a comer. O si algún malnacido le dará una paliza de noche…

Pero lo más sorprendente es la definición. Esta gente. Tan peyorativa. Tan despectiva. ¿Qué gente? ¿Los pobres? ¿Los sin hogar? ¿Los alcohólicos? ¿Los enfermos? ¿A quien nadie quiere? ¿Los últimos? ¿La chusma que nos negamos a ver? Es tan sencillo estigmatizar que asusta. Vivimos saciados de todo y nos escandalizan los pobres porque denuncian nuestro egoísmo. Y eso no lo toleramos. Lo mejor es esconderlos. Que se note que somos una sociedad feliz. Próspera. Mil veces he pensado qué hubiera sido de mí si hubiera tenido la vida de las personas a quienes acogemos diariamente —familias desestructuradas, violencia familiar, abusos sexuales, malos tratos, alcohol, drogas, enfermedad mental, depresión, desempleo…—. Mi respuesta siempre es que sería bastante peor que ellos. En ese mismo instante, cuando los justifico dejo de juzgarlos. En ese momento, nace la misericordia. Quizá por eso, no es esa gente, sino Rigoberto.

Piensen.
Sean buenos.

Hacía tiempo que mi querida musa musical, doña @BeatrizBagatela no nos deleitaba con un regalo. En esta ocasión su canción es una delicia. Pausa. Tú qué sabrás si no vives dentro de esta jaula. Es el grito mudo de Rigoberto ante alguien revolucionado por la vida del día a día, y no supo hacer una pausa. Con todos ustedes: ¡Izal!

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