Inteligencia Emocional

Fracaso emocional ‘millenial’

La Inteligencia emocional debería implantarse en el sistema educativo y en el mismo seno familiar para formar y dotar de competencias adecuadas a las nuevas generaciones

Si en el anterior artículo hemos abordado las habilidades que, según el Foro Económico Mundial, son imprescindibles en el mundo de las organizaciones y las empresas en el siglo XXI, en esta ocasión queremos profundizar en la creciente apuesta en el colectivo más joven, desde niños a adolescentes e incluso jóvenes adultos, por introducir la Inteligencia emocional en su educación. Precisamente, los expertos en la materia llevan años revindicando una mayor implicación y enseñanza emocional, tanto dentro como fuera de las aulas, a fin de evitar el ‘analfabetismo emocional’ en las nuevas generaciones, lo que sería un verdadero lastre de cara a su desarrollo personal y profesional.

Una de las generaciones que más ha dado que hablar, casi siempre en un tono peyorativo, es la de los llamados millenials. En un contexto absolutamente globalizado y masivamente cibernético, se les ha etiquetado también como la generación perdida, la generación del smartphone, y cronológicamente correspondería a los nacidos entre 1984 y el final del anterior milenio.

Desde la consultora Universum Global estiman que en el año 2020, los millenials representarán prácticamente la mitad de la fuerza laboral, y se han realizado estudios sociales que atribuyen a esta generación características como la depresión, problemas para gestionar el estrés, la baja autoestima o el poco apego a sus centros de trabajo.

La depresión entre la juventud –a la que se le llama también la ‘enfermedad de los millenials– es uno de los problemas sobre los que más se alerta. Obviamente, es una problemática social, pero llama la atención cómo esta patología afecta a un numero cada vez mayor de adolescentes y jóvenes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), dos de cada diez jóvenes de 18 años habría sufrido en su vida al menos un episodio depresivo, y en torno al 6,4% de las mujeres y el 4,7% de los hombres que tienen entre 20 y 34 años de edad padece esta enfermedad.

Además, en la psicología clínica se observan algunos rasgos de la personalidad-carácter de estos jóvenes que sufren episodios depresivos, tales como un peor autoconcepto, un mayor aislamiento social, impaciencia –habituados a la inmediatez que proporcionan las nuevas tecnologías–, poco optimismo y una escasa capacidad de adaptación que deriva en no pocos casos en adicciones, por ejemplo, a las drogas o a las redes sociales.

Como podemos ver, la juventud y las generaciones venideras necesitan una correcta capacitación emocional, de ahí la enorme importancia e influencia que tienen tanto los docentes como los padres y madres o tutores en esta nueva educación que, entre otras cosas, también serviría para paliar problemas sociales como el bullying o acoso escolar.

Poco a poco, las organizaciones e incluso administraciones públicas han ido tomando conciencia de apostar por la educación socioemocional cada vez desde edades más tempranas. Y destacan iniciativas como las que se han puesto en marcha en la provincia de Huelva, donde se organizan desde hace algunos años campamentos de verano de inteligencia emocional para niños de entre 6 y 12 años, que son educados en materias como emociones básicas, autoconocimiento y autogestión, relaciones interpersonales, trabajo en equipo o educación ambiental y alimentaria.

Desde el Instituto Psicobiológico aplaudimos todo este tipo de iniciativas que redunden en una mejor y mayor implantación de la Educación emocional en los más jóvenes. Ése es uno de los objetivos que persigue el Máster 2018-19 en Inteligencia emocional, Psicología positiva, Neurociencia, Ciencias de la Felicidad, el Bienestar y la Salud, que dota de conocimientos, capacidades y habilidades desde una perspectiva multidisciplinar y transversal con un extraordinario equipo de docentes formados por catedráticos, doctores y expertos.

La Educación es uno de los sectores que consideramos esenciales para desarrollar la Inteligencia emocional, y por ello la formación del Máster en Inteligencia emocional cuenta entre su alumnado con profesionales de la docencia y la Pedagogía, así como de otros ámbitos profesionales como la Medicina, el Deporte, el Coaching y, por supuesto, la Psicología.


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