Firmas

Frutos rojos que condenan un paraíso: Doñana

Estos días he vuelto a leer mucho sobre Doñana y siento la necesidad de expresar mi dolor por la falta de compromiso político con las amenazas que sigue sufriendo este espacio. Las señales no son buenas. Por eso quiero exponer la perspectiva de la naturaleza y de aquellas personas invisibilizadas, que no encuentran en las redes sociales ni en los medios de comunicación convencionales canales para ser escuchadas. Bien porque la naturaleza se comunica a través de sus propios ciclos y patrones ecológicos, o bien porque muchas de las personas que contribuyen activamente a sostener el modelo agrícola implantado en este entorno no cuentan para un sistema que sólo piensa en términos de maximizar beneficios económicos en el mínimo tiempo posible.

Por una parte la Unión Europea ha dicho que dejará de financiar el Programa del Lince, la representante onubense del PP en el Parlamento Andaluz quiere modificar el Plan de la Corona Norte para dar cabida a más hectáreas de regadío, además de las casi 10.000 que se acordaron en su día. El presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir habla de presiones y amenazas de agricultores ilegales para regularizarse y sostiene la urgencia de cerrar los muchos pozos ilegales que aún están operativos, mientras los socios en la sombra del PP en Andalucía tachan de ilegales y cargan contra muchas de las personas que sostienen el sector. El Defensor del Pueblo insta a declarar las masas del acuífero sobreexplotado.

En medio de este panorama que no invita a tener esperanza en la conservación y el futuro de Doñana, la joya natural más emblemática de Europa, se nos presenta un flamante Congreso de Frutos Rojos en Huelva que, obviando cómo está de tocado el corazón del territorio donde se producen intensivamente frutos rojos y fresas, nos viene a contar una suerte de innovaciones tecnológicas y relaciones comerciales que todo lo pueden.

Lo demás simplemente no existe o es accesorio, como sus políticas de maquillaje verde que colorean los aspectos más indecentes de este negocio. No hay nada que cuatro buenas tuberías no puedan solucionar, porque el agua para nada es un bien escaso. Aquí en Huelva hay suficiente agua.

Mientras tanto Doñana sigue llorando arenales secos donde antes había lagunas permanentes que sostenían la vida de estas marismas únicas en Europa.

Olvidan estos señores y no hablo en este caso en femenino, porque son señores en su mayoría, que tenemos una relación con la naturaleza y con las personas que nos rodean que está por encima de la ganancia económica inmediata y que el bien común tenemos que sostenerlo entre todas.

En esta nueva burbuja económica con fecha de caducidad pierde la vulnerabilidad y ésta tiene nombre de mujeres temporeras: migrantes, rurales o pobres o todo en una, que en condiciones de absoluta precariedad levantan un sector que deja secos nuestros acuíferos, contaminado de residuos plásticos y fertilizantes nuestros campos y Doñana sin lagunas permanentes que den cobijo a la gran diversidad de especies que hicieron merecedor a este espacio del reconocimiento de lugar singular y único en el mundo.

Cuando en el Congreso de Frutos Rojos se hable de tecnología nosotras hablaremos de personas y cuando se hable de negocio hablaremos de tierras fértiles y campos sanos y duraderos porque os vamos a recordar, a vosotros, que tanto habláis de números, que estos campos son sólo un préstamo de las generaciones venideras, y que tenemos que devolver a la

tierra todo aquello que le estamos arrebatando, empezando por el agua y terminando por la justicia social.

 

Isabel Brito (Coportavoz de EQUO en Andalucía)

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