Firmas

Incendios

Imagen de archivo del incendio de Moguer de junio

Los lamentables y desgraciados incendios, acaecidos en Portugal, Galicia, León y Asturias; relacionados, en su origen, con la mano del hombre, me traen a la memoria la película del año 1981 ‘En busca del fuego’.

La acción se desarrolla en la Tierra, hace aproximadamente 80.000 años y el fuego es un elemento indispensable para la vida de sus pobladores, primitivos y salvajes. Esos salvajes aprendieron cómo crear el fuego, para atender exclusivamente a sus necesidades que eran calentarse y cocinar alimentos.

Y después de esos 80.000 años nos encontramos con unos determinados descendientes de aquellos salvajes que lo mismo que sus primitivos ancestros, utilizan el fuego pero para hacer el mal. A estos sujetos, los denominamos civilizados por la época en que viven. Pero… ¿son estos individuos realmente civilizados o son tan salvajes como aquellos?. Por su forma de proceder… Yo diría que son más salvajes aún. Aquellos, al menos, respetaban su entorno y solo lo “destruían” en la medida que les hacía falta para subsistir. Estos, los salvajes incendiarios de hoy, queman el monte por oscuros intereses particulares o colectivos. Son personas crueles que han exhibido su maldad de esa manera.

En los años 60, una campaña en televisión del Icona (Instituto para la Conservación de la Naturaleza) nos decía que ‘Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema’. Su fin era advertir del riesgo de incendio por arrojar, desde el coche, colillas de cigarro encendidas, o de hacer fuego para comidas en medio del campo.

Los incendios que se producían en esos años, solían ser por acciones de negligentes (las ya mencionadas, la quema de rastrojos, las fiestas con hogueras, las chispas de los vehículos a motor etc.etc.) o por causas denominadas naturales (rayos, principalmente). Los incendios calificados como catástrofe, salvo rarísimas excepciones, siempre se producían en verano y en el área entre la meseta norte y el sur de España. En las regiones o provincias del norte, fuera del verano, casi ni se producían.

En años posteriores, los fuegos fueron aumentando en causas y en frecuencia. Aparecen numerosas quemas de montes, cuyas causas se imputan a la voluntariedad de su autoría; aquí llegan el pirómano y el incendiario. El pirómano es el que disfruta creando el fuego viendo posteriormente sus efectos y participando incluso en las labores de extinción; es un desviado o enfermo mental. El otro, cual terrorista que busca intereses, es el incendiario. Esta tipología de individuo es la que ha quemado, en estos últimos días, los montes del área septentrional española. Estos tipos malignos, aprovechan el amparo de la libertad de acceso al bosque, el respaldo de la nocturnidad y la amplitud de la masa forestal para esconderse y cometer su abyecta y depravada acción.

Por las pérdidas, de vidas humanas y económicas- que suponen este tipo de incendios con objetivos ilícitos e ilegales- las administraciones, legisladores y jueces deben reforzar su acción. Los terroristas incendiarios están utilizando unos medios sofisticados para iniciar el incendio en un punto lejano de donde ellos están. Así, es mucho más difícil localizarlos o identificarlos. Pero cuando aparece una nueva arma o forma de agresión a continuación se desarrolla una contra-arma para neutralizarla. Especialistas en la materia no faltarán. Y, como en toda lucha anti-terrorista, la colaboración ciudadana es fundamental.

Es cierto que la disposición rural en Galicia y Asturias, donde el bosque y viviendas coexisten abrazados, hacen muy complicado el control de la actividad humana para evitar incendios. Por ello, aunque se vienen gastando mucho dinero contra el fuego se debe gastar más adecuadamente, sobre todo en prevención. Hay que plantearse si las especies arbóreas de los bosques y su distribución, son adecuadas bajo todos los puntos de vista. Se debe trabajar en la ordenación y gestión del territorio. En definitiva, si no se hacen políticas y acciones diferentes, me temo que vamos camino de ofrecerle a las próximas generaciones una España árida y yerma. Y entonces, ya no habrá que preocuparse por lo que le pase a los montes.

Los incendios provocados tienen tres móviles: la locura, la venganza y el más importante, el dinero.
Don Winslow

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