Inteligencia Emocional

La alegría, el mejor antídoto contra los conflictos humanos

Sin emociones, no seríamos más que “vegetales”, y hay una de ellas, la alegría, que “tenemos que cultivar denodadamente”

La Inteligencia Emocional ha cobrado en las últimas décadas una relevancia esfervescente para venir a sustituir a la clásica inteligencia, aquélla donde predomina la razón, el cogito, frente a las emociones y sentimientos. En el Máster y Experto Universitario en Inteligencia Emocional, Psicología positiva, Neurociencia, Salud, Coaching y Estudio de la Felicidad del Instituto Psicobiológico apuntan debemos diferenciar entre inteligencia cognitiva (basada en conocimientos), emocional y la ejecutiva.

Así lo expuso el experto en su seminario ‘Conducta inteligente, alineación en valores y neuroeducación’, donde explica los conceptos básicos para entender la Inteligencia Emocional, y sobre todo la importancia que poseen las emociones, moldeando los conocimientos, actitudes y esquemas con los que nos crecemos y desenvolvemos en la vida diaria.

Las emociones, cuyo centro de operaciones se ubica en nuestra amígdala, se erige como el principio regulador principal de la conducta de todos los mamíferos, y por ende de los seres humanos. Tal como lo expresa el experto en Inteligencia Emocional Santiago Limonche: “Si no tuviéramos emociones, o si nos extirparan las amígdalas, no seríamos más que vegetales”.

Y a nadie se le escapa que entre todas las emociones, cada una de ellas con su peso específico, una de las esenciales para el desarrollo humano es la alegría, una de las emociones “que más fomenta las buenas interacciones sociales, la prosocialidad, los buenos vínculos sociales y el contacto con otros seres humanos. La alegría (diferenciarla de felicidad –subjetiva–) forma parte del grupo de emociones positivas, y “debemos cultivarla denodadamente”, ya que “para algo las ha puesto ahí la evolución”.

La alegría, por su razón de ser como base de la felicidad y por el enorme influjo que tiene sobre otras emociones –positivas y negativas– “debería ser uno de los propósitos colectivos de todos los seres humanos”, ya que, como explica el experto en Inteligencia Emocional, “es el trampolín hacia otras emociones positivas”. De ahí su importancia a la hora de aplicar la Inteligencia Emocional y la Psicología positiva.

Una antídoto contra los conflictos humanos

La alegría se enmarca por lo tanto en el conjunto de emociones básicas, donde también entran el miedo, la ira, la tristeza, el asco y la sorpresa (Ekman, Friesen y Ellsworth (1982), y ésta produce “motivación de logro, restablece parámetros psicológicos y fisiológicos alterados” y “aumenta la capacidad de amar”.

¿Qué emoción podría solucionar los conflictos humanos? Desde luego, la alegría sería una de las candidatas como “uno de los mejores antídotos”. En el plano personal, fomentar una emoción como la alegría seguramente pondrá remedio a la “frustración y la amargura”. De hecho, facilita y regula la interacción social y promueve una conducta prosocial, esto es, una mayor proclividad a prestar ayuda.

En otro artículo, profundizaremos en la tipología de las emociones que existen y las investigaciones realizadas en la materia, así como qué partes de nuestro cerebro participan en las mismas.


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