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La chirla, un problema con muchas aristas

(Texto: A.G.M.) Durante los últimos meses hemos vivido con cercanía e intensidad los problemas existentes en el Golfo de Cádiz en cuanto al sector de la chirla se refiere, donde el pasado mes de enero la Junta de Andalucía decretó el cierre del caladero tras las recomendaciones recogidas en los informes científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO).

Un problema con muchas aristas que ha enfrentado al sector de la chirla con la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural. Ante la situación generada, vamos a tratar de conocer más de cerca el origen de los enfrentamientos y arrojar algo de luz sobre el oscuro panorama de la chirla.

La chirla

El primer problema con el que nos encontramos es la especie. Este bivalvo que habita enterrado a 3-4 cm bajo el lecho marino, tiene una dependencia muy fuerte de los valores ambientales, por lo que le afecta mucho un cambio de salinidad o un cambio de temperatura.

Además, la chirla tiene una capacidad de dispersión muy pobre, por lo que su capacidad de reclutamiento (proceso de incorporación de individuos a una población), es baja, lo que provoca que las distintas poblaciones se nutran de sí mismas para reponerse. La chirla tiene una larva que dura muy poco, con lo cual, cuando la especie se reproduce, se queda en la zona. Cuando se machaca mucho una zona, la especie sufre.

El caladero

Los marineros coinciden en que está cada vez peor y la pesca es cada vez más escasa. Si nos remontamos a los años 70, los datos reflejan hasta 20 toneladas anuales de chirla. Hoy en día, no se pasa de las 5 toneladas. Esto nos hace preguntarnos qué será de la chirla dentro de 3 años. Es hora por tanto de poner pies en pared y analizar la situación en profundidad y no llevar a la chirla a la extinción.

Hay que tener en cuenta de que una de las razones por la que se ha cerrado el caladero es la detección de que la especie está “llegando a valores cercanos a la biomasa límite”, según la Junta de Andalucía.

El sistema de pesca

Tenemos pues una especie delicada y en declive, a lo que se une un arte de extracción que es catalogado de alto impacto. El sistema que se usa es el rischio o draga hidráulica, un artilugio que combina agua a presión y un elemento con forma de cajón que recolecta el producto y que llega a pesar unos 600 kilos.

Los barcos, con una potencia de 400 caballos, impiden que otras especies puedan escapar, por lo que se produce un “machaque” de otras especies que acaban descabezadas, desmembradas o rotas, como chocos, langostinos, pescados planos y de otros tipos. La draga hace un profundo surco y pasa por encima de las estrellas de mar, de los alevines, de los peces o de cangrejos, por lo que además de mermar la chirla, genera un gran destrozo en el ecosistema.

La draga hidráulica está actualmente prohibida en Europa, y solo se usa en el Mar Adriático y en el Golfo de Cádiz. La Junta de Andalucía conoce el peligro: “Este arte por sus características es un arte intrusivo…perjudicando a los lechos marinos y a todas las especies que necesitan de ese fondo marino para su subsistencia”, pero sin embargo lo permite.

Mala praxis y “cajas verdes”

A una especie delicada, que no se recupera con facilidad y a un método de pesca muy dañino, se le une por desgracia la mala praxis de algunos marineros. Existen numerosas evidencias de que se han explotado zonas de reserva, donde se han llegado a identificar hasta 17 barcos a la vez.

Para evitar estas prácticas deplorables y una mayor esquilmación del caladero, el consejero de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, Rodrigo Sánchez Haro, consideró que el Sistema de Localización y Seguimiento de la Flota Andaluza, conocido popularmente como “cajas verdes”, es esencial para la viabilidad de la pesquería de la chirla. Esto no es más que un transpondedor que marca la señal de dónde está el barco. De esta forma se controlaría el cumplimiento de los horarios y de las zonas de pesca.

Como vemos, son múltiples los factores que afectan a la chirla y las soluciones no se plantean fáciles, pero más que nunca es evidente la necesidad de adoptar medidas de urgencia de carácter coyuntural, porque el panorama no es halagüeño.

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