Firmas

La credibilidad de la ESO, en suspenso

La decisión del Gobierno de suspender el carácter académico de las reválidas conlleva que estos criterios desaparezcan y se vuelva a la legislación anterior.

Esta situación se mantendrá hasta que se alcance un Pacto por la Educación o hasta que se publique el nuevo Real Decreto en el que está trabajando el Ejecutivo. Este documento mantendría la posibilidad de suspender hasta dos asignaturas (siempre que no sean ni Lengua ni Matemáticas) para poder conseguir el título de ESO y se podría terminar esta etapa hasta con una nota media inferior al cinco.

¿Qué objetivos se persiguen?……Dicen que bajar la tasa de abandono escolar y orientar al alumno de cara a una futura profesión acorde a sus facultades o habilidades innatas. También se habla de modificar el sistema de calificación para buscar competencias, además de conocimientos. Menuda papeleta tienen ahí los profesores que se verán obligados a aplicar el calibre, pasa-no pasa, para aprobar o suspender a un alumno, según su adquisición de competencias.

Y me parece muy bien que se intente mejorar el sistema educativo a los alumnos entre 10 y 18 años. Ojalá se parezca al sistema educativo Finlandés, donde se busca, entre otros fines, que el alumno tenga cierta madurez física y mental para afrontar determinados contenidos. Sería una manera de evitar predisposiciones y actitudes que implican un esfuerzo adicional para tratar de entender algo para lo que, sin duda, no se está preparado ni cognitiva ni físicamente.

Lo que no estoy de acuerdo es en el concepto de aprobar o pasar de nivel con suspensos que supongan, incluso, una nota media del curso inferior a cinco. Como diría el juez Emilio Calatayud:
” En mis tiempos un suspenso era un suspenso”.

Concibamos unos planes de ESO y Bachiller adecuados a los fines y referentes que sean; pero por favor, una vez diseñados, que se elimine el concepto de ¡aprobar aún suspendiendo!. Esa idea instalada en la mente de un estudiante puede relajar su nivel de auto-exigencia. Es cierto que un suspenso puede generar reacciones psicológicas que van desde una sensación de derrota temporal a la renuncia definitiva del objetivo, pero también es muy cierto, y ocurre en la mayoría de los casos, que un suspenso supone un estímulo para afrontar el reto de aprobar en una próxima ocasión, porque no es lo mismo suspender con un 0,5 -porque no se ha trabajado nada- que obtener una calificación de 4,5.

Sea cual sea el efecto, el suspenso no debería perder su sentido y su significado. Lo mismo que no puede perder su sentido el nivel de exigencia que requiere una sólida educación; nivel que, por otro lado, se percibe cada vez más bajo debido a estas continuas reformas que dudo busquen llevar a la realidad las aptitudes del alumno y su desarrollo personal, sino más bien el adoctrinamiento en ciertas materias. Menos mal que los profesores, en teoría, deben limitarse a enseñar según programas, actualizar su formación, examinar y calificar. Si hay que suspender, se suspende.

Y llegado el caso, que sea la Administración, no el profesor, quien apruebe a alguien que no lo merece.

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Benjamin Franklin

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