Firmas

La esperanza, ¿virtud o defecto?

Aparte de las crisis circunstanciales que cada cual pueda padecer, convivimos en una sociedad donde hay crisis de valores, crisis de gobernantes, crisis de ideas, crisis de trabajo, crisis de familia, etc. Y no sabemos cómo dar la vuelta a la situación para que esas crisis, supuestamente evitables o controlables, vayan desapareciendo. La mayoría de los ciudadanos echamos mano de la esperanza, como recurso para conseguir una ansiada normalidad.

¿Cómo se ve hoy esa esperanza?. La mayoría de la gente asocia la esperanza a tener fuerza mental ante la adversidad. O lo que es lo mismo, ante la adversidad no hacer ninguna acción, solo aguantar, permanecer, perseverar, en definitiva esperar. Así lo indica la religión católica que define la esperanza como virtud, junto con la fe y la caridad. Pero lo mismo que dice que la fe sin obras está muerta, la esperanza sin obras también está muerta.¿ Se ha conseguido alguna vez algo sin hacer nada?. Muchos de los males sociales se mantienen por la apatía e inacción de los ciudadanos.

Cuando alguien dice: tengo esperanza en que las cosas mejoren. Es que no hará nada para cambiarlas. Es que espera que cambien por sí mismas. Pero si no se produce ningún movimiento, todo se reduce a expectativas o ilusión. Luego la esperanza, sin actuación, más que una virtud se convierte en un defecto. Salvo cuando la espera sea con un propósito especifico o suponga el momento adecuado para actuar. Veamos:

Existe el bien llamado, teléfono de la esperanza. La ciudadanía afectada por la desgracia o el infortunio y buscando una respuesta a sus problemas, decide llamar a ese teléfono y contar sus sentimientos o hechos negativos que está sufriendo. A otro lado hay alguien que actúa, mediante la palabra, tratando de movilizar la propia energía y los propios recursos del infortunado ciudadano que no ve salida a su situación. En el contacto, afloran los fallos, desánimos, impotencias y vulnerabilidades, los cuales se contrarrestan con las capacidades, competencias y puntos fuertes que cada afectado tiene. Se trata de conseguir que la persona desbloquee su mente y pueda reestructurar sus pensamientos. No siempre hay solución, pero es preferible hablar a esperar que la suerte o vaya ud. a saber qué…….… lo solucione.

Dice el refrán que: mientras hay vida hay esperanza. Esta frase tiene sentido si se hace algo, cuando aparentemente no hay salida. Recuerdo una anécdota contada por el gran humorista Miguel Gila, cuando fue hecho prisionero en la guerra civil española y lo llevaban en un camión junto con otros muchos prisioneros a ser fusilado. Los que iban a disparar estaban embriagados, tanto por sus recientes fechorías como por el vino que habían ingerido.

Gila pensó que iba a morir irremediablemente, pero dado el estado de los del fusil, pensó agarrarse a la posibilidad de sobrevivir. ¿Cómo?, pues se dejaría caer al suelo cuando el desordenado pelotón disparase, simulando haber sido alcanzado por la bala. Así lo hizo al escuchar la voz de ¡¡fuego!! Todos cayeron. Y cuando uno de los que dispararon se acercó a dar el tiro de gracia a los fusilados, escucha una voz que dice: ¡¡déjalos que están todos muertos y nos tenemos que ir!!. Gila permaneció inmóvil varias horas ; posteriormente se levantó y se marchó. Su plan no cayó en vano porque ante una terrible situación, pasó a la acción en lugar de limitarse a esperar.

La esperanza tienen dos hijos preciosos, sus nombres son: enfado y valor. Enfado al ver como son las cosas. Valor para no permitir que continúen así (San Agustin).

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