PUBLICIDAD

Directo Venida de la Virgen 2019
Firmas

La manada embrutecida

Una fotografía de un grupo de trabajadores de Iveco despierta mi curiosidad y me hace reflexionar en aquello que decía Hobbes de “El hombre es un lobo para el hombre”.

En la imagen, hombres y mujeres aparecen con cara circunspecta y rictus serio, manifestando su respeto por el suicidio de su compañera Verónica, de sólo 32 años y madre de dos hijos que ya serán siempre huérfanos.

Pero resulta que cientos de sus compañeros –algunos o muchos se encontrarán haciendo el paripé en ese foto laboral- estaban realizando viral el contenido sexual de un vídeo que ella misma se grabó cinco años atrás, cuando aún no estaba ni casada, para compartirlo con su pareja o amante de entonces y que ahora, parece ser que por despecho, lo ha puesto en circulación virtual.

La señalaban con el dedo, la miraban al pasar y bromeaban sobre su intimidad, su sexo, su yo más personal. Acudían a su puesto de trabajo para mostrársela a otros que aún no la conocían.

Se burlaban de ella, hacían corrillos, la humillaban. Y nadie hizo nada por evitar que esta pobre chica no pudiera más con la vergüenza, el desprecio y el acoso, y terminara ahorcándose. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Qué pena, qué rabia, qué asco.

Maldigo al ser rastrero que puso en marcha el vídeo y espero que caiga sobre él todo lo que la ley tenga reservada para estos casos. Porque ojo, es un delito difundir imágenes sexuales sin consentimiento del que las protagoniza. Deseo también que sienta la culpa durante toda su vida como una losa asfixiante, como ésa que erosionaba a la chica.

Y también que arda Troya sobre los imbéciles que encontraron morbo en compartir contenido sexual de una compañera, sabiendo que esa persona lo estaba pasando mal, y les daba igual porque tienen la empatía de una ameba.

Me alivia pensar que estarán –como buenos cobardes asquerosos- acongojados ante la presión policial, porque lo dicho: es un delito penado con cárcel. Verónica es una víctima de una manada embrutecida, sin cara ni nombre, sin que le hayan tocado un pelo, pero que actúa con el mismo patrón machista y despiadado.

Quiero que los hombres digan que no, que no son así, que no necesitan compartir imágenes sexuales de una mujer para sentirse más varoniles, más hechos y derechos. Necesito creer que existen muchos hombres buenos, porque así lo pienso. Eso es todo. Y que Verónica, con treinta y dos años, por fin, descanse en paz, ésa que le arrebataron los malvados.

image_pdfPDFimage_printIMPRIMIR
To Top

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies