Sociedad

Las matan

No a la violencia machistaElla estaba en el salón viendo una serie romántica en la televisión, esperando a que él llegara para cenar. La mesa puesta, la comida terminando de hacerse en la cocina, la casa perfectamente recogida y limpia. Todo a su gusto, para que él estuviera tranquilo y no se alterase. Oyó el sonido de la llave arañando la puerta y se irguió en el sofá, tensa; tragó saliva y aguardó. Escuchó sus pasos y comenzaron a sudarle las manos. Se las frotó, nerviosa. Él entró en el salón y por su gesto, por esa mirada que destilaba odio, ya ella supo lo que vendría después. Su hijo dormía en la habitación de al lado. Entonces, como otras veces, subió el volumen del televisor. Así el niño no escucharía los golpes y se despertaría sobresaltado. La primera bofetada coincidió con una declaración del joven en la que le hacía a la chica una propuesta de amor eterno e irresistible. Otro ataque, ahora un puñetazo en el hombro, hizo que aumentara más el sonido, mientras reprimía el llanto atascado a base de costumbre. Como quien recita un mantra, susurró sin dejar de mirar la pantalla del televisor: “Mentira”.

Las matan. En España, país europeo civilizado, asesinan a mujeres. Porque sí, porque era mía, porque no la soporto, porque si no es mía no es de nadie, porque me hierve la sangre, porque me hace la vida imposible, porque me la tengo que llevar por delante… Y estos son los argumentos, las razones por las que sus parejas o ex parejas acaban con ellas, truncan su futuro, destrozan a familias que se quedan mirando al cielo por si hay algún dios que explique lo que no tiene sentido, lo que no entra en la razón.

Desde 2003, año en que se inician las estadísticas de la violencia machista, los asesinos sin corazón han detenido violentamente el de casi 800 mujeres. Cuando reflexiono sobre estos sobrecogedores asuntos me avergüenzo de ser española. Igual también de ser persona y ser una más de esta sociedad permisiva, tolerante hasta puntos vomitivos con el crimen.

Algo falla. En realidad, todo falla. Los avances tecnológicos y científicos van a velocidad de vértigo, pero no encajan con la lentitud de los cambios en los patrones de conducta machistas y retrógrados. La educación siempre es la pieza necesaria para que cualquier engranaje social funcione. En los centros educativos se trabaja con el alumnado el concepto de igualdad entre hombres y mujeres, se realizan muchas actividades, se corrigen actitudes y se muestran roles de conducta deseables.

Pero eso no es suficiente. Otra pieza clave –la que más- en este engranaje al que me refiero es la familia y también las relaciones que establecen los jóvenes entre ellos. Los micromachismos, tan permitidos y normalizados van minando y envolviendo la forma de relacionarse en pareja por parte de chicos que creen (sobre todo ellas) en la belleza del amor romántico, donde el malote las hace sufrir, pero no pasa nada porque el amor duele. Mentira. Quien bien te quiere jamás te hará llorar. Y así, ejemplos y frases hechas hasta el infinito.

Y es desolador por lo que tiene de indefensión, pero el estado no funciona. Este amargo asunto de la violencia a la mujer es responsabilidad última de las autoridades políticas y judiciales. Si no se toman medidas represivas más contundentes, si el tipejo que asesina

a su mujer sabe que en cuestión de unos años –quizá siete, por ejemplo- sale a la calle, lo toma como una molestia, un leve daño colateral por el que hay que pasar para conseguir lo inmenso: arrancarle la vida a tu codiciada enemiga.

Las matan, sí. Y son muchas mujeres dejando a hijos huérfanos de cuajo. Estos quizá no miren hacia el cielo indagando respuestas, porque lo único que buscan es el olor y el calor de la madre arrebatada para siempre.

Demasiada maldad. Tristes mujeres en manos de sus asesinos y de un sistema social perdido.

(Artículo ya publicado el 26 de mayo de 2015 y que, hoy, 25N, recordamos por su interés)

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