Firmas

Lección de humanidad y cordura

Parece que lo único positivo de la muerte del niño Gabriel Cruz ha sido la lección de humanidad y cordura dada por sus padres día tras día y que todos hemos visto en los informativos hasta la saciedad, derrochando sensatez frente al visceral desvarío colectivo. Pero también me conmovió el desmentido en FB del dueño del bar burgalés en que ahora trabaja la hija de la asesina confesa, realizado tras los comentarios publicados sobre su supuesto despido: “Estoy orgulloso de tenerla en plantilla y le mando fuerzas para seguir adelante con todo esto. También pido a la gente que no tiene vida propia que se deje de cotilleos e invenciones”.

Por muy de agradecer que sea su gesto sobre el destino laboral de su empleada, han sido sus palabras para referirse a esa masa anónima de gente que entra a degüello por las redes sociales en cuanto cualquier hecho se convierte en mediático y viral -éste tan desgraciado del niño almeriense tan sólo es el último de una larga lista-, señalando a toda “la gente que no tiene vida propia”, con la exigencia de que “se deje de cotilleos e invenciones”.

Volviendo sobre sus palabras cualquiera pensaría que se refería a quienes suelen airear parcelas de su intimidad en las redes, puesto que al exponerlas a la vista de todos dejan de ser privadas y, por tanto, esos detalles de sus vidas dejan de ser realmente propios para pasar al dominio público, y ser ya bazofia de todos. Pero creo que, además de eso, a su modo también quiso referirse a esa multitud informe e iracunda que ante cualquier circunstancia parecida se deja llevar tan sólo por el obsceno latido de sus vísceras, y siempre parece dispuesta a tomarse la justicia por su mano (*), como en los momentos más oscuros de nuestra historia.

Esas bochornosas escenas del gentío fuera de sí, clamando para ejercer su deseo de ciega venganza y queriendo ejecutar lo que sus peores instintos parecen exigirle, convierte el drama íntimo de unos pocos en el peor espectáculo “de este perro mundo” -ahora y aquí escrito con toda la intención de las comillas- y realmente hiela la sangre: si a estas alturas de siglo hemos llegado tan crecidos por los avances tecnológicos como para sentirnos borrachos de civilización, no sé qué tendrá que ocurrir para que podamos volver a los orígenes de la humana sensatez y la concordia.

Qué sabe nadie…

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