Firmas

Los abismos de la maldad humana

Que se muera, claro. O mejor: haberse muerto antes de asesinar al pequeño. Pero ya está, por favor.

Me dan miedo las expresiones de odio viscerales, los programas de tv morbosos, las redes sociales incitando a manifestar lo peor de nosotros mismos.

Es lógico sentirse muy mal, desear que ésa nunca hubiera nacido o que desaparezca de la tierra.

Pero me produce un respeto sobrecogedor la actitud de la madre pidiendo amor y alejándose del odio, queriendo continuar con ese ambiente mágico que consiguió crear su niño, apelando a la bondad humana.

Y lo dice destrozada, pues no es posible imaginar dolor más tremendo que la pérdida de un hijo. Merodeando por los abismos de la maldad humana, hay una chispa que une corazones y conciencias.

Dejemos que brille, cuidemos esa luz que nos convierte en buena gente. Que los malos se mueran llenos de terror y de miseria, o que malvivan como puedan.

Pero nosotros, los del otro lado, mantengamos la llama de la sensibilidad alumbrando ese resquicio de esperanza, porque ahí reside el inicio de la nobleza humana.

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