Andalucía

Muere Manolita Chen

Manolita Chen

El género de la revista, en peligro de extinción, se queda sin uno de sus grandes iconos. Manuela Fernández Pérez, más conocida como Manolita Chen, ha fallecido a sus 89 años de edad.

La exvedete vivía retirada de cualquier actividad artística en la residencia de ancianos de la localidad sevillana de Espartinas, donde falleció el pasado domingo por causas naturales, tras lo que hoy su cuerpo ha sido incinerado.

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Nacida en Madrid el 11 de abril de 1927, comenzó a formarse como artista a los 12 años, en la escuela Conservatorio de Laura de San Telmo, trabajando por primera vez en el ballet Las Charivaris del Teatro Circo Price.

En 1944 se casó con el empresario chino Chen Tse-Ping, de quién adoptó su apellido artístico, y ambos pusieron en marcha en 1950 el teatro que les hizo famosos en toda España.

Su actividad artística se prolongó hasta finales de los años 70, cuando le fue diagnosticado un tumor de oído que le produjo una parálisis facial, aunque el teatro siguió funcionando hasta 1986.

Su marido murió en Sevilla a los 94 años, y en esa ciudad decidió establecerse su viuda, que pasó sus últimos años de vida en una residencia de ancianos en una localidad del área metropolitana de la capital andaluza.

En el blog manolitachen.blogspot.com se habla así del Teatro Chino al que la fallecida dio nombre y vida:

El Teatro Chino de Manolita Chen, desgraciadamente, ya no existe. Para unos, fue el heredero de las andanzas de nuestros áureos cómicos de la legua. Para otros, un vehículo donde poder ver en escena lo prohibido por el régimen franquista; sin embargo y, sea como fuere, nos encontramos ante el teatro portátil más importante y de mayor fama de cuantos recorrieron la geografía española. Un recorrido que abarcó desde finales de los años cuarenta y hasta bien entrada la década de los ochenta ofreciendo una máxima única: “¡Piernas, mujeres y cómicos para todos ustedes, simpático público!”.

Un entoldado metálico ideado por Chen Tse-Ping, artista de origen chino, quien contraería matrimonio en la convulsa España de la posguerra con una agraciada madrileña, Manuela Fernández, a la postre Manolita Chen, todo un mito de las variedades arrevistadas en España únicamente parangonable a la incombustible Celia Gámez.

La llegada del Teatro Chino a las distintas poblaciones españolas creaba tal paroxismo que hasta las autoridades eclesiásticas y civiles tuvieron que mediar en ello: unos ojos rasgados y una belleza oriental ciertamente misteriosa eran las bazas con las que solía jugar Manolita Chen a la hora de enfervorizar a su masculina concurrencia.

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