Firmas

Otra vez la tempestad

Entre febrero y marzo, aparecen en Huelva capital y zona de costa una secuencia de abundantes lluvias, fuertes vientos y extraordinarios oleajes en el mar –coincidentes con un alto coeficiente de la marea- que provocan cuantiosos daños en edificaciones y construcciones.

Y como si de un mal endémico de tratase, anualmente nos llegan las mismas noticias con similares daños. Cualquier redacción de un periódico podría echar mano de los archivos, para copiar y pegar el mismo titular de años anteriores.

Antes de que llegue el buen tiempo, con la esperada venida de turistas, tendrá lugar la valoración de daños, la visita de autoridades, las promesas incondicionales de reposición de arenas, colectores, paseos y pasarelas, así como la declaración de zona afectada gravemente por emergencia de protección civil( antes ,zona catastrófica) y más tarde, la aprobación de las partidas de indemnizaciones. ¡¡A Semana Santa no se llega a tiempo!!. Y así año tras año, para lamentos de la ciudadanía y ¡cómo no! para el lucimiento de políticos con su presencia inmediata en las zonas afectadas, dando fe de su preocupación por lo sucedido.

Las causas están ahí y los riesgos se conocen sobradamente, pudiendo ser controlables y evitables. Existen conocimientos de ingeniería adecuados para evitar daños. Sin embargo pareciera que interesa a alguien dar soluciones chapuceras, de lavado de cara, de salir del paso y…….¡ vamos que nos vamos!. En definitiva, chapucear y hasta la próxima vez con la misma película.

¿Se imaginan estas situaciones en Holanda?, ¿un país cuya tercera parte de su territorio ha sido sustraída al mar?. Si allí no se defendieran adecuadamente de las tempestades, medio país estaría no ya estropeado sino sumergido. Es evidente que sólo una extraordinaria ingeniería que no ha parado de evolucionar, logra detener los efectos del agua.

En Holanda a lo largo de la historia y salvando las distancias, unas veces han ganado los holandeses y otras veces ha ganado el mar. Pero es que aquí en nuestras costas el vencedor,siempre suele ser el mar.

La subdelegación del Gobierno ha declarado que “se trata de una zona sensible”, como aceptando sin remedio los estragos. Sensible es un término aplicable al ámbito de lo humano, no a zonas o áreas geográficas.

Debería haber llamado, por su nombre, “Zona vulnerable”, la verdadera situación de nuestra costa frente a las tempestades. Es decir, frágil, indefensa, abandonada o inconsistente.

Los hechos reflejan el amargo fruto anual de políticas, legislaciones y actuaciones urbanísticas, en la costa, caracterizadas por los despropósitos, incongruencias, contradicciones y desacuerdo entre las diferentes administraciones.

¿Tendremos que pedir ayuda a Holanda, tal y como ha hecho la ciudad de Nueva Orleans (ciudad al nivel del mar) después del paso del huracán Katrina?

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