Firmas

Paco Tercero

Francisco Tercero y su esposa / gibraleonysuscosas.blogspot.com

Seguro que a Paco le habría emocionado comprobar que el Ayuntamiento de su pueblo, y del mío, ha declarado dos días de luto oficial tras su marcha, y las banderas están a media asta por tan sentida pérdida, y apuesto también porque se le habrían inundado los ojos de lágrimas al comprobar en los comentarios de tantos labios ajenos que él era, en su humilde bonhomía, una de esas escasas personas a las que por allí todos respetaban y querían, por encima de ideologías y de otros condicionantes propios del devenir cotidiano de cualquier pueblo de España, tras toda una vida predicando y dando trigo.

Para los niños panturranos de mi generación, aquellos que en los años 50 empezamos a descubrir los secretos del mundo estudiando en la Enciclopedia Álvarez, que crecimos mientras su bar -inaugurado en 1948 haciendo esquina con el Sacatapón- se convertía en un sabroso referente, y nos hicimos adultos en los turbulentos años de la transición, muy probablemente no haya un ejemplo de compromiso político y moral tan elocuente como el suyo, inalterable en sus principios frente a todos los vientos y mareas que han ido socavando los valores de nuestra historia reciente.

De hecho, yo apostaría la mitad de mi reino a una certeza: por mucho que preguntemos a unos y a otros, me temo que en Gibraleón no nos han quedado verdaderos referentes políticos para el recuerdo, porque la gestión de los intereses municipales ha sido a veces anodina y otras convulsa, e incluso muy dolorosa. Y con ese pasado latente, que aún sigue inquietando nuestros recuerdos y fantasmas, creo que entre nosotros tan sólo habría consenso para acordar un único referente ético, ese que nunca ocupó un despacho con banderas porque pasó toda su vida sirviendo a sus paisanos desde detrás de la barra de un bar llamado Tercero, pero que para mí y para muchos otros panturranos desde siempre fue el primero.

Las imágenes del Che Guevara y de Lenín, que han estado coronando los estantes de su bar a lo largo de tantos años por razones más éticas que estéticas, y que ahí seguirán como testigos de un tiempo ya para siempre ido, tendrán desde ahora una inevitable sensación de orfandad, porque Paco Tercero murió ayer después de una larga lucha y bien sé que, desde que él expiró, este perro mundo vuelve a ser mucho más amargo y más injusto. Y más inhóspito, también, desde que él descansa ya para siempre, en paz y a la sombra de un viejo sueño…

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