Firmas

Peor Imposible

Resulta extraña, cuanto menos, esta amarga sensación de recibir la noticia de la desaparición de amigos o conocidos mientras ves en los informativos que nieva de forma inmisericorde sobre el mundo que nos rodea, por más que sepamos desde siempre que somos tan frágiles como esos mismos copos níveos que ahora caen intermitentemente sobre héroes y tumbas, y que la única condición para morir es estar vivo, ya que nada quiere saber la parca de horas, días y noches, o estaciones: nos acecha sin descanso, de principio a fin.

Y al principio, cuando llegó a Madrid desde su Mallorca de infancia y juventud, Toni Socias venía dispuesto a comerse el mundo como integrante de aquella tropa tan moderna que se hacía llamar Peor Impossible, uno de esos grupos foráneos que lograron encontrar sitio y acomodo en una locura tan colectiva y madrileña que por momentos pareció que convertiría a la capital del reino en la capital de la galaxia, con Rossy de Palma ejerciendo como talismán y mascarón de proa, mientras susurraban con tanto descaro como desenfado, debajo de una sombrilla…

Pero fue muy lejos de Madrid, durante una expedición a Roma que organizó la Comunidad de Madrid -creo que corría 1984- donde Toni y yo pudimos conocernos mejor, y no sólo porque aquella travesía transnacional de varios días en un bus-motel como de película de miedo, junto a Gabinete Caligari, La Frontera, Javier Furia y otros creadores, estuvo a punto de hacer honor al nombre de su grupo y terminar como un verdadero naufragio: peor, imposible.

Y muy probablemente, en aquel hotel romano de paredes rojas en que nos alojaron al llegar a Roma, todavía hoy se acuerden de aquella expedición de artistas españoles tan disparatada, porque terminaron llamando a la policía para que pusiera orden entre aquella tropa alucinante y camino del exceso… Pero luego pasaron los años, y la pátina del tiempo fue acompasando nuestros pulsos, según nos hacíamos mayores, a lo que iba quedando de aquellos recuerdos de viaje. Hasta que, inesperadamente, Toni dejó ayer de recordar su vida y milagros, y ya descansa para siempre bajo su tierra, mientras la nieve sigue cayendo a destajo sobre la piel difusa de este perro mundo.

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