Populismos: de la democracia a la demagogia

Sabemos que la democracia nació en la antigua Grecia, concretamente en la Atenas de Pericles.

Desde su mismo nacimiento adoleció de los mismos problemas actuales y de las mismas amenazas. Los problemas de financiación y de recaudación de impuestos hacían que el «sistema» se resintiera o se desvirtuara y que aparecieran amenazas para la supervivencia de la democracia, unas veces de forma mas o menos violentas o por la fuerza (tiranos) y otras por la palabra, por la demagogia y el populismo.

Decía Aristóteles, «los tiranos empiezan siendo demagogos y acaban en tiranos por ser militares1; tras las reformas de Clístenes, se desarrolla la retórica y aparece una nueva generación de políticos, capaces de engatusar al pueblo con la palabra. Ya no necesitarán las armas.

Sabemos que la Democracia en Atenas era directa y asamblearia, una especie de continuo referéndum que además se ejercía «abierta y públicamente», salvo algunas decisiones graves que afectaban a la libertad o la vida de las personas, como la condena al «ostracismo». Este fue el mecanismo mediante el que Pericles y otros políticos de la época se deshacían de sus oponentes. Como vemos, no hay nada nuevo bajo el sol. En la actualidad todos los populismos de izquierda o derecha (Podemos, Frente Nacional, Maduro, Trump, etc…) recurren a este tipo de «democracia participativa» directa (también Pedro Sánchez en las primarias del PSOE) como si se tratase de un ideal de participación, siendo, en realidad, una vía de desnaturalización de la «democracia representativa moderna» y la mejor forma de sometimiento de una organización a la voluntad del líder.

Al igual que en la actualidad, en Atenas hace mas de dos mil años, Pericles y compañía estableció la «Democracia radical» y era el poder de convicción del líder, del orador, el que movía a las masas a favor de sus propuestas y decisiones. Este juego «democrático» simplemente consistía en que «las mayorías» pasaban por encima de «las minorías» sin criterios morales o de principios, solo importaba la cantidad de votos. De esta forma, los líderes inician una competición de «ofrecimientos» de prebendas (no importan las ideas), convirtiendo de esta forma la democracia en una especie de tiranía colectiva.

En ese sistema de «Democracia radical» asamblearia lo importante era «comprar» el voto de la mayor cantidad de gente, por esa razón era mas fácil y «barato» ofrecer prebendas a los pobres y además eran más. Y todos estos «sobornos al pueblo» se pagaban con los, cada vez mas gravosos impuestos que, lógicamente, pagaban los ricos.

Como anécdota de esto, decía ISÓCRATES: «era mejor ser pobre que rico. El rico era el enemigo del Estado. Los criminales gozaban de menores penas y eran menos perseguidos que los ricos”.

Así, en esta época, la Asamblea (Ekklesía) había adquirido un poder tiránico a causa de los oradores (oligárquicos o populares) que se dedicaban a atacarse

unos a otros, abusando de la calificación de delitos como alta traición o corrupción.

He narrado estos hechos históricos para que veamos que poco hemos avanzado ni aprendido en 2.500 años. Ya entonces había un Pablo Manuel Iglesias (Cleón), había un Vox. Cuando Clístenes estableció el principio de «todos somos iguales ante la Ley» fue un importante avance, incluso para hoy en día, pero ya entonces llegó Cleón y el resto de demagogos y olvidaron las ultimas palabras para manipular al pueblo, diciéndoles que había que quitar todo a los ricos porque «todos somos iguales» en una especie de incipiente comunismo. Con esa idea se abrió la veda para matar a los ricos u obligarlos a expatriarse y repartirse sus bienes, entre el pueblo y el Estado. Esto llevó a los atenienses y a Atenas a la mayor ruina de su Historia y a su práctica desaparición, hasta convertirse en súbditos de los atrasados «macedonios».

Mi última reflexión es una simple pregunta. ¿Hemos aprendido algo de la Historia?