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Timofónica

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Hace casi un par de años, mi buen amigo Filemón contrató con una compañía de telefonía llamada Timofónica —nombre ficticio— un paquete que incluía móvil, fijo, fibra y televisión por una cantidad de dinero determinada. Esta compañía aseguraba que el precio contratado era para siempre. Pero no fue así. Poco a poco, fueron subiendo los precios de manera unilateral y de forma escalonada, argumentando que eran por mejoras en el servicio. Esta semana le ha llegado una carta a casa. Aseguran que a partir de una fecha determinada el precio será un 25% más caro que el precio que contrató en un principio y que aseguraban que era para siempre. Asegura la misiva que si decide rescindir el contrato, no será penalizado. ¡Faltaría más!

Me gustaría saber qué hubiera pasado si la modificación del contrato la hubiera hecho Filemón de manera unilateral. Podría alegar que el 99% de sus canales de televisión no le interesan, puesto que son irrelevantes. O que consume la mitad de los gigas que contrató. Incluso que sus llamadas son escasas. Estoy convencido de que la compañía querría ajustarse a lo que se firmó. Y en caso de incumplimiento, rescindiría el contrato, dejándole sin servicio. Y actuaría con toda justicia. Es lo normal. Si ellos deciden mejorar el servicio no es problema de mi amigo. Es como si él quisiera comprar un utilitario y cuando ya lo tuviera, le dicen que a partir de mañana tendrá un Maserati, y que por tanto debe pagar más. No señores. Filemón firmó un contrato y quiere mantenerlo. Y en caso de que Timofónica decida alterar este contrato, que sea penalizado económicamente.

Es el problema con las empresas de servicios. Una compañía ofrece un servicio de primera necesidad, como es un contrato con una compañía móvil, y cuando le interesa, modifica los acuerdos de forma unilateral con el único fin de llenarse más los bolsillos. Esta gente tiene la cara más dura que el granito. Son unos sinvergüenzas de tomo y lomo. Se aprovechan de los usuarios. ¿Cuántos clientes no han sido conscientes de este cambio de contrato? Piensen en las personas mayores. Ellos siempre alegan que pueden rescindir el contrato, pero la gente lo que quiere es mantener lo que ha firmado. Hacer otra cosa es engañar. Timar. Quizá la verdadera razón habría que buscarla en las cúpulas directivas. Seguro que allí encontramos algún ex político o algún amigo de políticos enriqueciéndose vilmente y riéndose cada vez que alguien escribe un artículo como este.

Piensen.
Sean buenos.

Tras 25 años, me he reencontrado con Pablo, un antiguo compañero de clase. Actualmente es misionero y está entregando su vida por el Evangelio desde hace más de 22 años. Me ha pedido que incluya la canción La sirena varada. El mendigo siempre a tu lado, tu compañero de viaje. Aunque quedaría mejor si dijera tu compañero de clase… Un placer volver a verte don Pablo. Con todos ustedes: ¡Héroes del Silencio!

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