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Directo Cine Iberoamericano 2019
Firmas

A navajazos

Puede que de las peores cosas que acontezcan en el devenir de una sociedad sea la pérdida de fe, así, como aliento vital para sentirse cuidada, útil, esperanzada. Eso ocurre cuando por más que se le den vueltas mentales, no se entiende qué pasa. Y así estamos, atónitos ante la noticia de que es posible que el agresor del subinspector jefe de la policía local en Punta Umbría, Antonio Garrido, no vaya a prisión.

Hace algunas semanas nos sobrecogimos al ver un vídeo que corrió, espeluznado, por las redes virtuales: nos situamos en la playa como espectadores de un ataque escalofriante infligido por un vendedor ambulante ilegal que se abalanzó de un modo brutal sobre el jefe de policía al éste requisarle la mercancía. Tres navajazos. Un forcejeo.

Dos policías que, posiblemente, le salvaron la vida al quitarle al delincuente de encima. Parece algo matemático, que no debe fallar, pero sí. Resulta que la fiscal reduce la petición de pena de cuatro años a dos. Y así nos encontramos, sin comprender la razón que esgrime para rebajar dicha solicitud al tribunal, que pasa de considerar el asunto de intento de homicidio a atentado agravado. Parece ser que el agresor tiene un retraso cognitivo. Anda. Igual tenemos que ir por la vida de simples mentales para actuar sin consecuencias. No quiero imaginar la de casos horrorosos que pueden proliferar amparados en disfunciones cognitivas para actuar con malignidad sin ir a la cárcel.

Más allá del hecho gravísimo que es atentar contra la vida de un ser humano, subyace el escándalo al considerar que esa persona está ejerciendo una labor que tiene encomendada como autoridad suprema en ese momento y lugar, y ahí, justo ahí, es cuando la mente entra en espiral y se detiene de golpe, razonando: si al subinspector de la policía le pueden atacar a golpe de navaja y se salva de un homicidio por el azar, y la fiscalía considera que el agresor no debe permanecer en prisión por ese horrible hecho, qué nos pasará a los ciudadanos de a pie. Entonces, es cuando sientes indefensión y espanto, porque es el mundo al revés, y este universo traspapelado sólo es hermoso cuando reside en los cuentos de hadas.

En la extraña realidad, cuando todo está patas arriba y los malos son los buenos, la sociedad se resiente y sufre. Ahora todo este asunto surrealista está en manos del juez, quien dictará sentencia el próximo lunes. Ojalá haya justicia.

Por Antonio Garrido. Por una sociedad que necesita que los que dañan sean apartados, sin más, porque los transeúntes de la vida necesitamos cierta paz.

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