A veces sentimos que no valemos. Que no servimos. Que no nos quieren. Que no encajamos. Y sentimos que eso es cierto… porque lo sentimos.
Pero aquí va una verdad que puede cambiarte la vida: No todo lo que sientes es verdad.
Las emociones son reales, pero no siempre dicen la verdad. A menudo hablan de heridas antiguas, de historias que repetimos sin cuestionar, de miedos que heredamos.
Por eso, cuando una emoción intensa te visite, no la niegues… pero tampoco la conviertas en ley.
Pregúntate: —¿De dónde viene esto? —¿Estoy reaccionando a lo que pasa… o a lo que pasó? —¿Esto que siento es un hecho… o una historia que me estoy contando?
Sentir no te define. Lo que haces con lo que sientes, sí.
Puedes tener miedo y avanzar. Puedes sentir tristeza y seguir amando. Puedes dudar… y aun así elegir con firmeza.
Las emociones no son tu enemigo. Solo necesitan dirección. Solo necesitan ser observadas.
¿Qué emoción estás confundiendo hoy con una verdad absoluta?
Por @juanfrguez