¿Qué más tiene que pasar?

Los sindicatos se preguntan que más tiene que pasar. (Foto: Alberto Díaz)
Sindicatos y asociaciones siguen reclamando más y mejores medios a Grande Marlaska, que este sábado ni siquiera ha acudido al funeral en Huelva 

La muerte de dos agentes de la Guardia Civil este viernes llega después de años y años de advertencias ignoradas. Los sindicatos y asociaciones de la Guardia Civil llevan demasiado tiempo reclamando más y mejores medios, refuerzos de personal y una estrategia más acorde a los tiempos en que vivimos para luchar contra el narcotráfico.

Las miradas están puestas en el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que ni siquiera se ha dignado en acudir este sábado al funeral celebrado en Huelva.

Cada tragedia vuelve a abrir el mismo debate, pero las respuestas siempre son las mismas.

Tras Barbate, donde dos guardias civiles murieron asesinados por una narcolancha que les embistió en 2024, se habló de un antes y un después.

Se prometió endurecer la lucha contra el narco, reforzar el Campo de Gibraltar y dotar a los agentes de más recursos. Sin embargo, dos años después, el narcotráfico sigue actuando con una impunidad alarmante. Una sensación que se traslada a zonas como las costas de Huelva.

El problema ya no puede maquillarse como episodios aislados. El narcotráfico se ha convertido en una amenaza estructural.

Y es que las las mafias del crimen organizado operan con medios cada vez más sofisticados, manejan enormes cantidades de dinero y conocen perfectamente las debilidades del sistema

Grande Marlaska en una imagen de E. Press TV

Lo más preocupante es que en algunas zonas costeras el narco empieza a normalizarse peligrosamente. El dinero rápido, el silencio comprado y la intimidación han ido ganando espacio donde el Estado muchas veces parece ausente. Y cuando una sociedad se acostumbra a convivir en esta situación, la derrota no es solo policial: es moral y social.

La responsabilidad política no puede esquivarse eternamente. Gobernar también implica escuchar a quienes están sobre el terreno jugándose la vida. Si asociaciones profesionales y sindicatos llevan años alertando del riesgo, ignorar esas advertencias tiene consecuencias. No se trata únicamente de buscar culpables inmediatos, sino de asumir que la falta de previsión y de contundencia acaba dejando a los agentes en situaciones límite.

Tampoco basta con reaccionar emocionalmente cada vez que ocurre una tragedia. Las condolencias institucionales son necesarias, pero vacías si no van acompañadas de decisiones reales. Más coordinación, más inversión, más presencia del Estado y una estrategia sostenida contra el crimen organizado. Porque las mafias no desaparecen con discursos; avanzan cuando perciben debilidad.

Este viernes han muerto dos nuevos agentes en acto de servicio. Y la pregunta incómoda que queda en el aire es, en efecto, ¿qué más tiene que pasar?