El desprecio por el hombre común
Muchas son las conclusiones que deben sacarse respecto de la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos de América. Más allá de los análisis políticos y electorales, es importante poner el foco en algo que nos atañe también a los europeos y a los españoles.
Y que es una de las razones de que los partidos nacional-populistas obtuvieran un resultado extraordinario en las últimas Elecciones Europeas.
Se adivina una tendencia, y negar esto supone negar la obviedad. Y cometer un peligroso error. Las reacciones de quienes han apoyado a los demócratas, tanto dentro de la patria del Tío Sam como fuera de ella demuestra que lo que ha impulsado el trumpismo no se trata de un fenómeno pasajero, si no de una realidad y de una forma de ser.
Me explico: el buenismo woke se ha impuesto a base de la censura, de la criminalización de la opinión disidente y, por encima de todo, del desprecio por el hombre común.
La izquierda socialista (a diferencia de la izquierda liberal) no ha superado el cabreo por haber perdido a los obreros y a los trabajadores como base electoral privilegiada. Su retórica ha dejado de defender las condiciones materiales dignas para estos y la clase media, para pasar a un desprecio elitista y cínico.
Básicamente, su razonamiento es que la Historia está de su lado, y que los que no apoyan sus políticas medioambientales, inclusivas y de inmigración es que son unos incultos, unos palurdos, unos egoístas y unos insolidarios. El resultado es que existen millones de personas (hombres y mujeres, ricos y pobres) que se sienten censurados, señalados e ignorados.
El análisis facilón y miope es que en el fondo son cuatro gatos. Y que, como la gente es tonta y manipulable, pues ganan los que 'están equivocados'. Que ellos mismos sean los que están en un error no es una opción que siquiera esté encima de la mesa.
La histeria vergonzante con que algunos han acogido la victoria de Trump, como si fueran a deportarlos inmediatamente a un campo de concentración, viene a respaldar lo que estoy diciendo.
Lo que no tendría ningún sentido es que estos sectores de la población, despreciados en pos del privilegio de las minorías, votaran a quienes les odian porque es lo correcto según unas élites que no les favorecen.
Según estos, todos los que han votado a Donald Trump en Estados Unidos y todos los que votaron a partidos nacionalistas y euroescépticos en Europa son estúpidos. Menos ellos. Bien pudiera ser al revés.
Y, a tenor de los hechos, el lector puede hacerse una idea bastante cabal de quién se lleva la tarjeta roja en este partido. La soberbia, la discriminación y la altanería han conducido a Trump a la Casa Blanca.
Pero ojo, no la de él. Sino la de su oposición, que además se encontraba gobernando y que no traspasa el poder oficialmente hasta enero de 2025. Hasta que las autodenominadas fuerzas progresistas no dejen de tratar de imponer su falsa superioridad moral sobre el resto de los mortales, y empiecen a tratar a los trabajadores y a la clase media como individuos con legítimos intereses y aspiraciones de vida, no tienen absolutamente nada que hacer.