Emilio González, el primer diplomático de Huelva, con 29 años
El abrazo de su hermano llegó antes que las palabras. Emilio González Carrillo de Albornoz recuerda ese instante con la nitidez con la que se graban los momentos que cambian una vida. Jugaba con sus perros en el jardín de casa cuando su hermano entró en silencio, pues acaban de salir las listas de las notas, con el miedo en la cara de quien no sabía si traía buenas o malas noticias. Y entonces, sin decir nada, lo abrazó con fuerza. Fue así como Emilio supo que había aprobado la oposición a diplomático, ese sueño que le había robado siete años y medio de estudio, horas infinitas frente a los libros y más de una madrugada deseando que todo aquel esfuerzo mereciera la pena.
Con 29 años, Emilio será el primer diplomático onubense de esta nueva generación. Nació en Valladolid por razones familiares, pero apenas un mes después ya estaba en Huelva, la tierra donde creció y estudió en el colegio Entrepinos. Siempre ha dicho que se siente onubense de corazón, con un cariño especial hacia esta provincia que lo vio formarse y donde conserva sus raíces familiares.
Huelva, con su mar y los atardeceres infinitos, con su sierra y sus pueblos abiertos y acogedores, ha estado siempre presente en su vida. Además, Emilio reconoce la belleza de la provincia y considera que aún tiene un enorme potencial por descubrir en lo turístico y cultural.
Su vocación internacional apareció pronto. En casa hablaba en inglés con su madre, estudió chino desde pequeño y más tarde incorporó el francés para cumplir con las exigencias de la carrera diplomática. Siempre tuvo claro que quería servir a España con una mirada global y que la diplomacia unía esa vocación pública con su proyección internacional.
El camino, sin embargo, no fue fácil. Durante siete años y medio dedicó jornadas intensas de estudio a preparar una oposición considerada de las más duras del país. Para él, lo más complicado no era estudiar, sino la incertidumbre de esperar las notas. Cuatro exámenes, test, idiomas, ensayo y defensa oral con más de 200 temas marcan el acceso a la carrera diplomática, con un punto de azar en la elección de temas que a veces puede cambiarlo todo.
Ahora, con la oposición superada, Emilio habla español, inglés, francés y conserva un buen nivel de chino, idioma que quiere retomar para pedir algún día destino en Pekín. También siente curiosidad por Asia Central, por su mezcla cultural, y cree que África tendrá un papel clave en el futuro, con España como actor importante en esa transformación.
A finales de enero recibirá su despacho oficial, tras pasar por la Escuela Diplomática, y comenzará su trabajo en el Ministerio de Asuntos Exteriores antes de pedir destino fuera de España. La carrera diplomática, según explica, no consiste tanto en viajar constantemente como en establecerse durante años en otro país para representar a España, lo que aporta estabilidad además de movilidad.
Respecto a los jóvenes onubenses que sueñan con la diplomacia, él les enviaría un mensaje claro: es una oposición dura, pero enriquecedora; requiere sacrificio, pero merece la pena. Además, considera que sería positivo que más personas de Huelva se animaran a entrar en este mundo y que la provincia también esté representada en la política exterior del país.
Emilio González Carrillo de Albornoz sabe que su historia apenas empieza. Y con la luz, el mar y la gente de Huelva en su memoria, hará que el nombre de la provincia viaje con él a cada destino y quede escrita en cada capítulo de su carrera.