Fidel Sáenz: “El 112 y el 061 se dejaron la piel en Adamuz. Es mentira que el sistema no funcionara"

Fidel Sáenz y su hermano en el hospital
Una voz directa desde dentro de la tragedia cuestiona las críticas a los servicios de emergencias y pone el foco en la atención recibida durante las horas más duras

Hay fechas que lo cambian todo. Para Fidel Sáenz, el 18 de enero fue el día en el que su vida dio un giro irreversible. En el tren Alvia que regresaba a Huelva viajaban su madre, su hermano, sus hijos y su sobrino cuando se produjo el siniestro en Adamuz (Córdoba). Esa incertidumbre hasta a saber de ellos, recuerda, fue lo más duro de una noche de la que, al hablar, aún se le quiebra la voz.

Meses después, y tras las críticas de la Asociación de Víctimas de Adamuz a la actuación del 112 y el 061, decide dar su versión. Lo hace con serenidad, pero con una postura firme. “No estamos de acuerdo. Mi familia no está de acuerdo con esas declaraciones”, afirma.

Aquellas primeras horas las vivió al volante. Conduciendo hacia Adamuz, sin saber dónde estaba su familia ni en qué estado se encontraban, pendiente del teléfono y con la cabeza llena de preguntas. En ese trayecto, empezaron a llamarle desde los servicios de emergencia. “Yo iba en el coche y los propios médicos, enfermeros y el 061 me llamaron”, cuenta.

Al otro lado no solo había información, también había alguien intentando calmarle mientras le iban dando datos concretos a medida que localizaban a los suyos. Le confirmaron que su hermano había aparecido e iba en una ambulancia con otros heridos. Poco después, le avisaron de que su sobrino Guillermo también había sido localizado y estaba siendo trasladado. “Me decían que estuviera tranquilo, que estaban conscientes, que estaban bien”, recuerda.

Esa comunicación fue constante durante todo el recorrido. Antes incluso de llegar a Córdoba, ya sabía que algunos de sus familiares estaban siendo atendidos y derivados a distintos hospitales. Gracias a esas llamadas, pudo dirigirse directamente a los centros donde estaban siendo ingresados. Acudió al Hospital Reina Sofía cuando le indicaron que sus hijos iban hacia allí, y al Hospital San Juan de Dios cuando le confirmaron que su hermano estaba en ese centro.

No todos los nombres aparecieron al mismo tiempo. Mientras iba recibiendo noticias de unos y otros, la situación de su madre seguía sin aclararse. Finalmente, le confirmaron que Natividad de la Torre había fallecido en el accidente.

Víctimas y familiares durante la misa funeral.jpg

Desde esa vivencia, Fidel no comparte las críticas sobre una supuesta descoordinación de los servicios de emergencia. “Yo no comparto lo que dicen que ha sucedido”, sostiene, y añade que esa percepción puede corresponder a “personas que por suerte no han vivido lo mismo que nosotros”.

Su defensa se centra en quienes estuvieron sobre el terreno aquella noche. Recuerda el trabajo del 112 y el 061 y considera injusto que ahora se les señale. “Han estado al pie del cañón y se han dejado la piel”, afirma.

Fidel reconoce que pudo haber momentos de dificultad, algo que considera lógico ante el volumen de llamadas y la magnitud del accidente. Explica que hubo situaciones en las que se trabajó con los medios disponibles en ese momento, pero insiste en que eso no implica que el sistema fallara. “Es mentira que el sistema no funcionara”, subraya.

Donde sí pone el foco es en lo ocurrido antes del accidente. La investigación de la Guardia Civil señala como causa del descarrilamiento la rotura de la vía y apunta a una bajada de tensión registrada horas antes como posible indicio de ese fallo. Sin embargo, esa incidencia no fue revisada y, en ese intervalo, circularon por el mismo punto una treintena de trenes. “Ha sido una ruleta rusa y nos ha tocado a nosotros”, afirma.

A partir de ahí, dirige el foco hacia el Ministerio de Transportes, Adif y Renfe, donde a su juicio debería centrarse la atención de la Asociación. “La culpa es de quien nos puso la pistola en la sien 22 horas antes”, sostiene.

Ese planteamiento le lleva también a cuestionar el rumbo del debate actual. Considera que se está desviando la atención hacia los profesionales equivocados y advierte del riesgo de convertir la tragedia en un enfrentamiento político. “No se puede politizar con algo tan trágico”, señala. “A nosotros no nos representa”, añade en referencia a los últimos pasos de la Asociación.

Fidel Sáenz durante la misa funeral por las víctimas de Adamuz.jpg

En contraste, sí pone en valor el apoyo recibido tras el accidente. Recuerda la llegada de representantes institucionales a Córdoba, entre ellos el presidente de la Junta, Juanma Moreno; el consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias, Antonio Sanz; el consejero de Justicia, José Antonio Nieto; la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda; o el teniente de alcalde, Felipe Arias. Para los onubenses desplazados hasta allí, su presencia supuso “un rayo de luz en los momentos más oscuros”.

Además, destaca especialmente el papel del Ayuntamiento de Huelva, que posteriormente convocó a las familias y afectados en la Gota de Leche y les ofreció apoyo directo, planteando también la posibilidad de agilizar trámites. Frente a ello, lamenta la falta de contacto por parte del Gobierno central. “A día de hoy nadie me ha preguntado cómo están mis hijos o mi hermano, ni cómo llevo el duelo de mi madre”, afirma.

Es en ese punto donde marca la diferencia. “Yo no soy ni de izquierdas ni de derechas, solo sé lo que viví y dónde vi humanidad”, afirma, en referencia a quienes han estado presentes junto a las familias frente a quienes, asegura, no se han puesto en contacto con ellos.

Desde lo vivido, Fidel insiste en una idea que repite varias veces: quienes estuvieron aquella noche atendiendo la emergencia no pueden ser señalados. “El 112, el 061, bomberos, Cruz Roja, protección civil, celadores, médicos y enfermeros… se han dejado la piel por nosotros”, afirma.

Su testimonio se sostiene en lo que vivió aquella noche. Y desde ahí deja una idea clara: “No todo vale cuando detrás hay tanto dolor”.