La Hermandad del Perdón vuelve a echarse a la calle desde la parroquia de Santa Teresa de Jesús, en el corazón del barrio de La Orden, donde la fe no se explica, se vive.
El Cristo del Perdón, acompañado por la Virgen de los Dolores, protagoniza una de esas tardes en las que el tiempo se detiene. Su salida no es solo un momento esperado, es un suspiro contenido durante todo un año.
La primera levantá marca el inicio de todo. El silencio se hace, el barrio aguanta la respiración y, cuando el paso se eleva, no es madera lo que sube… es la fe de un pueblo entero.
Este año, la hermandad presenta la finalización de los candelabros de cola, así como las dos últimas calles de candelería y el conjunto de violeteras del paso de palio de Nuestra Señora de los Dolores, enriqueciendo aún más la estética y la luz que acompaña a la Virgen en su caminar.
Cada calle, cada rincón del recorrido, se convierte en un altar improvisado. Desde la salida hasta la Carrera Oficial, La Orden se vuelca con su hermandad, consciente de que no es solo una estación de penitencia, sino un acto de fe compartida.
Porque cuando el Perdón pisa la calle, no hay prisa. Solo miradas, promesas y rezos que se quedan flotando en el aire. Y cuando regrese al templo, el barrio sabrá que ha vivido, una vez más, uno de esos momentos que no se cuentan… se guardan para siempre.