Galería: El Jueves Santo se escribe desde la Merced con Los Judíos
La noche del Jueves Santo ha encontrado en la Santa Iglesia Catedral de la Merced uno de sus momentos más esperados. Desde allí, la Hermandad de Los Judíos ha abierto su caminar con ese aire de eternidad que solo tienen las cofradías que llevan siglos escribiendo la historia de Huelva.
No es una salida más, es un rito. Un latido que se repite desde generaciones y vuelve a tomar forma cuando las puertas se abren y el cortejo comienza a derramarse por la Plaza de la Merced, ese primer escenario donde todo empieza a sentirse de verdad.
Abre la noche Nuestro Padre Jesús de las Cadenas, con la escena detenida en el tiempo, como si cada gesto guardara un eco antiguo. Tras Él, el Santísimo Cristo de Jerusalén y Buen Viaje avanza con esa presencia que no necesita explicación: basta mirarlo para entender que Huelva está ante una de sus devociones más hondas.
Y cuando aparece María Santísima de los Dolores, todo cambia sin romperse. La noche se suaviza, el aire se vuelve distinto y la mirada se detiene en esa forma de andar que no pasa, que se queda.
La cofradía avanza sin prisa, con ese pulso sereno que convierte cada tramo en un acto de fe. No hay exceso, no hay ruido. Solo el equilibrio de quien sabe lo que es y lo que representa.
Este año, además, la hermandad continúa cuidando lo que es suyo, avanzando en la restauración de elementos del paso del Cristo del Buen Viaje, en un gesto que no mira solo al presente, sino a todo lo que está por venir.
Y mientras el cortejo se abre paso, Huelva lo entiende. Y así, con su sello inconfundible, Los Judíos siguen marcando el pulso del Jueves Santo en Huelva.