Periodistas y políticos han vuelto a verse las caras un año más en el tradicional partido de fútbol con el que se inaugura el calendario, una cita ya consolidada que combina deporte, convivencia y buen humor. El encuentro se disputó en el Campo de Fútbol de Pérez Cubillas y volvió a confirmar que, más allá del marcador, lo verdaderamente importante es compartir un rato distendido lejos de despachos, plenos y micrófonos.
No se trata de un duelo cualquiera. Para muchos de los participantes es el partido del año, una cita marcada en rojo que sirve como punto de encuentro entre dos mundos acostumbrados a mirarse desde orillas distintas. En el césped, sin embargo, las diferencias se diluyen y lo que manda es el ambiente.
Antes de comenzar el choque, Fran Vázquez, periodista, resumía el espíritu de la jornada con sinceridad y humor cuando afirmaba que “el nivel es nefasto, pero venimos a divertirnos, que es lo importante”. En la misma línea, Alfonso Castro, concejal de Presidencia y Relaciones Institucionales, explicaba entre risas que “este año vamos a intentar al menos que no nos caigan la de todos los años”.
La consigna del equipo de la prensa era clara: salir con intensidad y pelear cada balón. Enfrente, el conjunto de los políticos presentó este año varios refuerzos. María de la O Rubio, concejala de Deportes, justificaba la decisión al señalar que “ha habido refuerzos, todos los años no se puede venir con lo que tenemos”.
El marcador se abrió a favor del equipo de la prensa gracias a un gol de Guillermo Aceituno, que incluso tenía preparada su celebración antes del pitido inicial. La alegría duró poco y el encuentro continuó con alternativas, jugadas disputadas y muchas sonrisas en ambas bandas.
Desde el banquillo, José Luis Camacho Malo, entrenador del grupo de prensa, no desaprovechó la ocasión para lanzar su particular comentario irónico al asegurar que “pero si ahí ninguno es político, y si los que han venido se van a dedicar a la política, que se retiren ya”, provocando las carcajadas de jugadores y público.
Como viene siendo habitual, el resultado final quedó en un segundo plano. Lo esencial volvió a ser el ambiente, las bromas compartidas y la sensación de mantener viva una tradición que se repite cada inicio de año y que todos esperan volver a disfrutar. Con el pitido final llegó también el mensaje común: el marcador se olvida, pero la cita ya queda reservada para el próximo año.