Enrique Santana: “Nuestra idea es traer a Lepe el mejor arte que se está haciendo en España”

Enrique Santana/ María Tenorio
photo_camera Enrique Santana en su estudio/ María Tenorio

Enrique Santana ha vuelto a pintar mares. Está en una fase en la que le está saliendo un mar inmenso sin olas; una masa de agua donde se va alejando el horizonte, donde el agua pesa… “Es un agua mar adentro, donde la luz es más importante que el agua”.

Una semblanza de la etapa vital que está viviendo a su regreso a Lepe (2020), y que recrea la elocuencia serena de quien ha exponenciado el realismo pictórico de la escena plástica española e internacional con su forma única de captar las aristas de su entorno.

De Lepe ha pintado marinas capturadas con diferentes mantos de luz; de Chicago, inmensos rascacielos de hormigón, ambos trazados con un denominador común: a veces no se llegan a divisar sus límites. Él tampoco los tiene.

Enrique Santana/ María Tenorio
Enrique Santana/ María Tenorio

A sus 76 años lo mantienen joven un after-shave de aceite de oliva -uno de sus secretos- y, de espíritu, la ilusión “por traer a Lepe el mejor arte que se está haciendo en España”. El escenario es la John Holland Gallery, el primer centro cultural de la localidad que nace con un objetivo eminentemente divulgativo y didáctico.

Desde su fundación en 2022 han expuesto -entre otras-, obras del realismo, la figuración o la abstracción, comisionadas por las mejores galerías de España. De modo que “el mundo del arte conozca a Lepe” y que Lepe conozca el arte más allá de sus fronteras.

Así, entre Mirós, Dalís y grandes del siglo XX, Enrique me recibe con una calidez acogedora. Sus ojos son los de un niño que jugaba a hacer esculturas con los cables sobrantes del oficio de su padre, los mismos que transitan ahora en un espacio donde todo es belleza

Enrique Santana en la John Holland Gallery/ María Tenorio
Enrique Santana en la John Holland Gallery/ María Tenorio

La John Holland Gallery ocupa, en efecto, la casa de la notaria de Lepe, un distinguido edificio de art noveau en el que se cumplen dos sueños: la del propio Santana y la de su anterior propietaria.

Se hizo con esta casa de una forma un tanto profética. Tras la pandemia, cuando expuso en los Álamos Mar de Fondo, una señora lo aborda y le dice: “Llevo dos noches sin dormir soñando pesadillas con la casa de mis padres llena de cuadros, y vengo a hablar para me compre una casa y monte allí una galería de arte”.

Santana, atónito, le contestó que no estaba interesado. Aunque la mujer le hizo una oferta que el pintor no pudo rechazar. Y ahí empieza la aventura que emprende junto a su compañero y publicista norteamericano John Holland, que da nombre a la galería.

Enrique Santana y John Holland/ María Tenorio
Enrique Santana y John Holland/ María Tenorio

Fruto de la inspiración divina o no, esta galería la ha montado “por amor a este pueblo”, primera cuna de su mecenazgo: “Lepe me ha comprado cuadros desde que era chico, este pueblo me ha alimentado”, concede.

Su compromiso con Lepe y su gente se hace ineludible en este proyecto, poniendo de su propio bolsillo el transporte de las obras, así como el mantenimiento y promoción de un vanguardista espacio que causa verdadero regocijo entre las señoras mayores que pasan por allí para darle la enhorabuena. “Yo les pregunto: ¿te gusta este cuadro?, y me dicen: tiene un marco muy bonito”. (Se ríe).

Pequeñas anécdotas aparte, “una obra bien hecha se aprecia igual en Lepe, en China o en EE.UU. Y en Lepe hay un nivel de apreciación muy bueno”, subraya el pintor.Los leperos han seguido su trayectoria de cerca: “Salí en Andaluces por el Mundo cuando estaba en Chicago y estaba todo el mundo viéndome en televisión, como si hubiera un partido de fútbol importante”, recuerda sonriendo.

Enrique Santana en su estudio/ María Tenorio
Enrique Santana en su estudio/ María Tenorio

A Estados Unidos llegó sin planearlo, gracias a un profesor de Harvard que le ofreció intercambiar su casa de Boston por la suya de Madrid durante un año -como cual protagonista de una comedia americana-. Así, aprovechó su estancia para viajar, pero también para pintar y comenzar a mostrar su obra en galerías de arte estadounidenses. Boston le abrió la llave hasta Chicago, donde decidió instalarse y quedarse durante 25 años: “En aquél entonces Chicago tenía la feria de arte más importante del mundo”.

Había llegado “con una mano delante y una mano detrás”, sin saber hablar inglés. Aunque eso no le impidió ganarse la confianza de galeristas, críticos de arte y del propio público en un enclave artístico tan esperanzador como empoderado: “Chicago era una mina para los artistas”, destaca.

Uno de los momentos “más exageradamente bonitos” que recuerda fue la primera vez que participó en una exposición colectiva en Struve, una de las mejores galerías de arte de Chicago, rodeado de grandes artistas. Cuando aquella noche las luces de la exposición se apagaron, pudo observar su obra tras el cristal del escaparate: “Se me saltaron dos lagrimones”. Dos años más tarde, esa misma galería le dedicaría un stand individual con cuadros de Chicago en las paredes y, en el centro del expositor, cerámicas de Picasso.

Banco de la Reserva Federal de Chicago/ Flickr
Banco de la Reserva Federal de Chicago/ Flickr

Otro momento culmen fue cuando el Banco de la Reserva Federal de Chicago le encargó -junto a otros artistas- dos cuadros para decorar las paredes de este templo del dinero; dos obras de Chicago que a día de hoy continúan presidiendo el edificio, y en cuya leyenda puede leerse Enrique Santana – Lepe, Spain.

Tras cosechar una fructífera obra en "La ciudad de los vientos", en 2020 decidió volver a España “por sentido común, que eso es muy lepero”. Pasó primero por Madrid, para finalmente afincarse en La Antilla empujado por la pandemia, redescubriendo las bondades del clima, de la gastronomía y de la autenticidad de su gente: “Lepe es un lugar maravilloso para hacerse viejo… en Lepe te sientes seguro, te sientes protegido”. Y añade: “El único problema de vivir aquí es que tienes que tener proyectos y sueños, sino te mueres del aburrimiento”.

Él los tiene. Con la John Holland Gallery está luchando por engrandecer la cultura de Lepe porque, como él mismo asegura: “Lepe no es solo ganar dinero, Lepe es cultura”. Y siendo el motor económico de la provincia, “tiene que tener un nivel cultural alto”. Además, la cultura es “importantísima” para que un pueblo tenga una sociedad “feliz y estable”, incide.

John Holland Gallery/ María Tenorio
John Holland Gallery/ María Tenorio

Aparte de la fundación de la galería, ha instalado un estudio en la planta de arriba del edificio, donde continúa pintando obras, ahora de marinas, y donde también está preparando una colección de azoteas… Es un pintor de cercanía.

Y es que Lepe puede ser tan estimulante como Chicago, destacando como mayor fuente de inspiración para sus obras la luz de la localidad costera: “La luz aquí es mágica y extraordinaria”. De hecho, en sus últimas marinas, la luz está siendo más importante que el agua en sí; cuando, antes, quizá lo eran más la fluctuación de las olas.

Meditándolo, la vida de Enrique Santana parece una perfecta novela circular, narrada por un hilo invisible donde todo empieza y termina en el mar.

Ya lo diría Rafael Alberti:

El mar. La mar.

El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste del mar?

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Enrique Santana con su perro Paco/ María Tenorio

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