DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL

Rosario Lineros, psiquiatra del HJRJ: “La estética ideal que nos venden las redes sociales es peligrosa para la salud mental de los jóvenes”

  • Entrevistamos a Rosario Lineros Linero, Psiquiatra Infanto-juvenil del Hospital Juan Ramón Jiménez, por el Día Mundial de la Salud Mental

photo_camera Rosario Lineros Linero

Un constante bombardeo de cuerpos esculturales y viajes de ensueño nos acechan cada día desde detrás de las pantallas afectando a nuestra autopercepción, la interacción con nuestro entorno y con nosotros mismos. 

El deseo de una vida perfecta inalcanzable, sembrado en parte por las redes sociales, contrasta sorprendentemente con las cifras que entidades como la Confederación de Salud Mental de España arrojan cada año sobre la salud mental y el nivel de felicidad de nuestro país. 

Los números hablan por sí solos: Hasta el 6.7% de la población de España padece ansiedad, siendo el mismo porcentaje que el de las personas que sufren depresión. Centrándonos en el estrato más joven de nuestra sociedad, hasta 7,3 millones de jóvenes (un 48.9% de nuestro país) consideran haber padecido algún trastorno de salud mental a lo largo de sus vidas. 

Un Día Mundial de la Salud Mental, que sensibilice acerca de la importancia de cuidarla y protegerla de tabúes de los que siempre ha estado rodeada, se convierte en necesario y obligatorio. Este año, el lema del 10 de octubre pretende recordar que “no existe salud sin salud mental”, debiendo quedar completamente garantizada una adecuada atención en este ámbito.  

 ‘Salud mental, Salud mundial. Un derecho universal’ / Imagen conmemorativa de la Confederación de Salud Mental de España

‘'Salud mental, salud mundial: un derecho universal" es el lema del Día de la Salud Mental de este año. ¿Consideramos la salud mental como un derecho?

Me gustaría pensar que sí. Debería de ser algo que diéramos por hecho y que estuviera estipulado, pero por desgracia tenemos que seguir luchando por una mayor visibilidad. 

Es importante informar correctamente sobre este tipo de sucesos. Tenemos un doble problema en este sentido: por un lado se ha banalizado, por otro, se han romantizado algunas de las patologías y conceptos. Ambos extremos son peligrosos. 

Medios de comunicación e industria cinematográfica deben prestar especial atención al trato que hacen sobre estas cuestiones como medios de masas que son. Tienden a etiquetar a las personas en función del trastorno de salud mental que padezca (por ejemplo, TEA o trastorno del espectro autista), dando lugar así a una imagen superficial también del resto de pacientes que lo padecen. Muchos/as, realmente, sufren todo lo contrario: son víctimas de acoso, de bullying, de distintos tipos de violencia desde que están en el colegio. 

Sin embargo, solo aparecen en las noticias cuando ha ocurrido algo malo —esto pasa frecuentemente con la esquizofrenia— y hay un trastorno de salud mental asociado.

 ¿Cómo influye la salud mental individual en la colectiva? 

Influye de forma bidireccional. Somos seres sociales y necesitamos de los demás para vivir. Vivir en una sociedad que me haga sentir cómoda, que me haga sentir valorada es un aliciente para ser más feliz, pero si no te encuentras integrado/a se convierte en un peso para el desarrollo de tu vida (en el trabajo, como amigo/a, como pareja). 

Es el caso de niños/as que están en colegios y que viven completamente aislados/as, sin que nadie se pregunte el porqué lo están. En algunos casos, los compañeros/as no saben que esa persona padece un trastorno y el desconocimiento los lleva a alejarse.

Área de Psiquiatría del Hospital Juan Ramón Jiménez

¿Qué consecuencias tiene en nuestra vida cotidiana una buena —o mala— salud mental? 

Si yo no me encuentro bien, me costará mucho más realizar funciones cotidianas del día a día. De hecho, la diferencia entre padecer un trastorno o no es que te limite tu funcionalidad.

Muchos/as de nosotros/as padecemos ansiedad, que no es un trastorno como tal sino una reacción a una nueva situación o a una exposición. El trastorno viene cuando me limita, cuando no puedo hacer mi trabajo o llevar a cabo actividades de mi día a día. 

En el caso de los trastornos, ¿cuál es el procedimiento que se sigue clínicamente?

Los pacientes suelen venir derivados por médicos/as de atención primaria. Siempre es la primera puerta de acceso a alguien con otras especialidades hospitalarias. 

Cuando el paciente llega aquí, hacemos una evaluación a través de varias consultas hasta averiguar que realmente exista una psicopatología que afecte a varias áreas de lo social o habilidades. 

Cuando una persona sufre una depresión puede llegar a dejar de hacerse la comida, dejar de ducharse, su ciclo del sueño o de alimentación se puede ver alterado, no puede ir al trabajo y son ese tipo de factores los que analizamos y actuamos o bien de manera psicológica (con terapia) o con fármacos cuando sea necesario. 

Atendemos a niños/as desde los dos o tres años con sospecha de autismo hasta chicas de dieciocho con una anorexia grave. Dependiendo de cada diagnóstico se pondrán en marcha procedimientos distintos. 

Una vez que ocurre el diagnóstico, ¿cuál será el siguiente paso? 

Se empieza a trabajar desde la psicoeducación: esto es entender lo que te pasa, comprender el trastorno que padeces. 

Un ejemplo es la anorexia. Si tú no sabes lo que te ocurre, es muy posible que tampoco sepas la gravedad que tiene. También es fundamental trabajar con la familia para que también lo entiendan y se impliquen, porque la mirada cambia: no es lo mismo “es que mi hijo/a es muy malo y no me hace caso” a saber que tu hijo tiene hiperactividad. 

Los trastornos de ansiedad y depresión son los más frecuentes a nivel mundial, ¿qué síntomas presentan esas personas?

No es una cuestión fácil ni tampoco es tarea de los que se encuentran a su alrededor el detectarlo. El entorno (familiares y amigos) comenzará observando cambios de conducta: cosas que antes hacía y ahora no hace. Ese tipo de situaciones son las primeras señales de alarma.

En el caso de los jóvenes, aunque también los más comunes son la ansiedad y depresión, aparecen los TCAs, que en adultos suelen estar en un segundo plano.

¿Está vinculada la salud mental con la física?

Hay muchos estudios que llevan años demostrando que una vida activa, con una alimentación variada y con contacto social son algunos mecanismos para una buena salud mental. 

¿Nos educan emocionalmente en las escuelas y colegios? 

Creo que cada vez se le da más importancia a la educación emocional. Existen distintos programas dentro del bienestar emocional que se dan ya en institutos.

¿Es una mala educación emocional un factor influyente en la depresión o la ansiedad? 

Cuantas más habilidades sociales y de comunicación tengas, mejor sabrás gestionar un conflicto. Si eres capaz de exteriorizar un problema, menos probabilidades vas a tener de ir acumulando esos sentimientos negativos y de que se convierta en, por ejemplo, una crisis de ansiedad.

Pero a veces eso no excluye que padezcas ansiedad o depresión. Si contamos con una buena educación emocional sumamos papeletas para estar mejor, pero fundamentalmente las ganamos para poder resolver un conflicto. 

Algo traumático te puede ocurrir en cualquier contexto y eso no lo podemos evitar. Lo que sí entra en juego es tu forma de gestionarlo. Conceptos como la resiliencia o la asertividad son fundamentales. La asertividad ocurre cuando solucionas un conflicto de una forma serena, tranquila, pero respetando al otro y eso se debería de aprender desde muy pequeño/a y en casa. 

¿En qué consiste ser una persona asertiva y cómo te mejora la vida serlo?

La asertividad es la capacidad de dar tu opinión o de marcar un límite -que puede ser algo que quieras hacer o que no estés dispuesto a hacer- de forma respetuosa y sin negarle a la otra persona la posibilidad de debatir o de que no esté de acuerdo contigo. 

Se trabaja mucho, por ejemplo, en equipos de liderazgo. Si tú eres la coordinadora de un equipo seguramente te van a pedir ciertas cosas y tú vas a tener que decir que no en ocasiones, pero siempre tendrás que hacerlo desde la calma y el respeto. Por suerte, es algo que se va aprendiendo poco a poco. 

¿Influyen las redes sociales en la salud mental de los/as más jóvenes?

Mucho. Yo trabajo con adolescentes y las redes sociales es algo a lo que le dedico mucho tiempo. 

Nos enfrentamos a tres factores: por un lado, una sobreexposición desde muy pequeños y sin control, estando en peligro ante ciberdelincuentes, cibersexo o hipersexualización de niños/as. 

Otro de los rasgos que veo a diario en pacientes es el daño que hace la estética ideal que nos venden las redes sociales. Cuando entras en Instagram o Tik tok, ves ‘cuerpos perfectos’, físicos inalcanzables y te acabas comparando. Se ha comprobado que este punto promueve la baja autoestima, la mala alimentación y trastornos como bulimia o anorexia. 

Otro de los peligros es el ciberacoso. Tenemos una herramienta mucho más rápida y accesible para acceder a tu intimidad. Todo lo que no te digo en clase o en el trabajo puedo hacerlo por WhatsApp, por ejemplo. 

¿Observas en tu día a día cierto tabú hacia los diagnósticos de salud mental? 

Creo que hemos mejorado mucho aunque hay que seguir trabajándolo. Me he encontrado adolescentes que han sido capaces de hablar con sus padres para venir a consulta y pedir ayuda. Eso es algo que nunca antes nos habíamos imaginado porque había muchos prejuicios jugando en contra.

Es peligroso trivializar sobre la salud mental. Existe una banalización de conductas que son patológicas en series y películas, y puede ser nocivo si son vistas por una mente que aún no es crítica y que se está formando como son la de los adolescentes. 

Un caso de serie es la de Euforia. Si la ves con treinta años sabrás identificar conductas que se dan porque la persona que las ejerce está pasando por un mal momento, pero entre adolescentes y sin conocimiento previo acerca de temas como suicidio o autolesiones pueden considerar que esa conducta puede replicarse para solucionar las cosas. 

Es muy distinto informar acerca del porqué de esos comportamientos a el cómo. La primera puede llevar a mejorarle la vida a alguien pidiendo ayuda o sintiéndose identificado, la segunda puede llevar a un efecto llamada (hablar sobre detalles escabrosos o morbosos que no aportan nada). 

¿Existe una tendencia a la “autoayuda fast-food” que los/as jóvenes consumen a través de las redes sociales? 

Me da la sensación de que hay más autodestrucción de jóvenes en redes sociales por las tendencias de control absoluto, de autoexigencia, de la distorsión, de las comparaciones o la vida ficticia que te dan las redes sociales. 

Yo veo el Instagram de mis pacientes con ellas para aprender a trabajar el ojo crítico y ayudarles a darse cuenta de que lo que ven a través de la pantalla no es la realidad. 

Creo que la autoayuda fast-food pasa sobre todo en adultos. Un ejemplo son los padres y madres que consumen contenido acerca de cómo ser buen padre o madre en exceso. Existe cierta sobreinformación que en algunos casos nos puede llevar a dudar sobre nuestras propias capacidades. 

 El suicidio es la primera causa de muerte no natural desde 2008. ¿En qué momento se considera que una persona corre peligro de realizar una tentativa de suicidio? 

Al cien por cien no lo sabemos ni los más expertos/as en el tema. Muchos pacientes buscan la manera de quitarse la vida incluso en lugares como la cárcel, donde están vigilados en todo momento. 

Sí que es verdad que si tú ya sabes que hay unas patologías de base que pueden ser precedentes a que aparezcan ideas de suicidio como una depresión o ansiedad no controlada, como son ideas psicóticas o delirios, hay que trabajarlo muy bien y a la mínima que observemos cambios de comportamiento, cartas de despedida o mensajes que no terminas de entender, hay que pedir ayuda.

Es importante prevenir y actuar desde los primeros pasos más que darnos cuenta justo antes, que es algo muy complicado.

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