Bulócrata

Cayetana Álvarez de Toledo interviene en el Congreso
Es una palabra con dos raíces, la primera es Bulo, referida a una noticia falsa

Mi compañera en el Congreso de los Diputados Cayetana Álvarez de Toledo ha acuñado un nuevo término descriptivo que se lo ha dedicado a Bolaños. Es una palabra con dos raíces, la primera es Bulo, referida a una noticia falsa propalada con algún fin, casi siempre el de introyectar en la conciencia colectiva una mentira con intereses partidistas. Y la segunda es Krátos, un término griego que significa gobierno. Esto supone que el ministro mantiene como creencia que la titularidad del poder recae sobre la base del engaño.

Se lo ha dicho desde la tribuna de oradores, y el interpelado ni ha podido ni sabido deshacerse de esa definición. Pues pretende ser un demócrata, aunque en realidad es un bulócrata. El triministro va de progre y liberal, como los americanos del partido del burrito azul, a la izquierda siempre del elefante rojo, pero no lo consigue, lo pretende sin atisbar un mínimo de posibilidad de que así sea. Intenta actuar como un Truman o Kennedy de la vida, o como Jimmy Carter ahora que ha fallecido y su nombre ha salido de nuevo a la palestra. Nos lo podemos imaginar en un acuerdo como el de Camp David o en un tratado como el del Canal de Panamá, mejor ni lo pensamos ¿verdad?

El castellano empezó a ser anotado por unos monjes en el monasterio de San Millán de la Cogolla y también en el de Santo Domingo de Silos, pues cansados ya del latín y aburridos de una lengua obsoleta, empezaron a crear y a darle forma a la manera de hablar del pueblo. Ahí es donde se funda y transforma el lenguaje porque viene dada casi de connotaciones innatas. Por lo tanto, ese hecho no le corresponde ni a los lexicógrafos ni a los filólogos, sino a quien la pone en práctica asiduamente y siente la necesidad de modificarla, alejándola así de toda jerga marginal.

Bulócrata, tiene el alcance de seguir aportándole al lenguaje el poder creativo y elevador de la palabra. Cuando se realiza una atribución de este tipo, de manera novedosa, se le da sentido a la existencia y se enriquece el lenguaje, conectándolo inexorablemente con la cultura de un pueblo.

Hay un libro de Gerard Donovan con el sugestivo titulo de El inventor de palabras. En el texto, se resalta como el idioma es una especie de resistencia frente al caos. Es por lo que cobra mucho sentido la palabra bulócrata, porque expresa a través del verbo una idea nueva y adaptada a las circunstancias de este gobierno en descomposición y que está cogido con pinzas.

Lo mismo ocurre en La Colmena, obra literaria de Camilo José Cela. Que en versión cinematográfica llevó a la pantalla grande el director Mario Camus. En la cinta, participa como actor el mismo escritor, erigiéndose como un inventor de palabras en un café de Madrid de los años cincuenta. Estas prácticas imaginativas eran muy dadas en esos lugares de la cultura y la tertulia. Lo digo, porque así también lo hicieron Valle-Inclan, Gómez de la Serna o Federico García Lorca.

El bulo es la mentira a flor de piel y distribuida en cantidades industriales. La mentira acaba con el relato y un gobierno sin relato es como un jardín sin flores. Aportes como el de Cayetana al llamar al triministro bulócrata, aparte de otorgarle futuro al castellano, que si no lo impide Pedro Sánchez con sus políticas lingüísticas, será dentro de un siglo la lengua más importante del mundo; de la misma forma define a un gobierno sobrepasado y desbordado por sus propios acontecimientos.

La política, en esencia, va mucho más allá de lo que nos quiere hacer ver un ministro que no pone en sospecha la dimensión que tiene la responsabilidad de gobernar de manera seria y consecuente. Lo decía Maquiavelo: la política se mueve entre el azar y el talento. Aquí tenemos un gobierno que se ha echado en brazos del azar.

Manuel García Félix

Diputado en Cortes por la provincia de Huelva.