Cien años de soledad

Cien años de soledad. Netflix

Ahora que se ha puesto de moda nuevamente el libro del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, gracias a la serie que Neflix ha llevado a la pantalla, de la que me reservo la opinión, pues de libros buenos nunca salieron películas excelentes y pongo como ejemplo el Quijote de Cervantes o los Novios de Alessandro Manzoni, llevados ambos al séptimo arte sin ningún tipo de éxito. Me sugiere su título el nudo de soledad en el que está sumido el presidente del gobierno y la fuente de inspiración inagotable que tiene con el Realismo Mágico.

Este movimiento literario surgido en Latinoamérica trata de combinar lo cotidiano y lo fantástico, presentando lo extraordinario con naturalidad. Las maravillas de la vida adquieren una dimensión poética, cuya línea entre lo real y lo irreal no existe. En definitiva, un delirio áureo o una aventura de la imaginación. Pedro Sánchez es un claro exponente de esta corriente artística que él solo la ha convertido en política. Pues cada día trata de transformar lo anormal en normal, la inmoralidad en ética y lo fantástico en habitual. Y todo ello, bajo la pretensión de que no le pase factura siquiera.

Después del Congreso Nacional de su partido en Sevilla en donde se agarró a su silla, que adelantó para afianzar su liderazgo y del que salió, más que reforzado, bunkerizado y ombligado, viene ahora, como se dice en el argot futbolístico, la segunda jugada. Una vez ocurrida la exaltación sanchista en medio de un inevitable tufo de fin de ciclo, se orienta su estrategia a dar el salto en los territorios. Es por lo que le ha lanzado a su partido en las regiones una auténtica opa, pero se le ha ido la mano.

Él piensa que todo va a ser como lo de Illa en Cataluña. Pero no hay que olvidar que también puede ser como lo de Madrid con Reyes Maroto, un memorable fiasco. A los que tienen los votos, aunque les caiga mal, ni los toca. Ahí está el ejemplo de García Pages. Pero a los que no, los cambia sin temblarle el pulso. Además, se ha cargado a lo bestia el maravilloso sistema de primarias y lo que manda en estos momentos es el dedo, el dedazo. El ordeno y mando. El contigo o contra mí. Y si no, que se lo pregunten a Espadas o Tudanca.

La solución para su partido de las Comunidades Autónomas la pone en manos de sus ministros. María Jesús Montero en mi tierra andaluza, Pilar Alegría en Aragón, Oscar López en Madrid, y por ahí todo recto. Lo que considero una auténtica irresponsabilidad de este gobierno, que se manifiesta claramente al servicio de una organización política y no a favor de la necesidad de los ciudadanos de la nación.

Se considera un ser como los de la mitología nórdica. Esos dragones en las guerras divinas de las valquirias en los que se erigían guardianes del poder. O como los de la historia interminable, en una constante misión épica de los acontecimientos. Ni una cosa ni la otra, porque no es un personaje sencillo y solo busca las aclamaciones, que encuentra sin fisuras en los Congresos de su partido.

Lo que sí se ha convertido el presidente es en un burgués asocial. Atribuyéndose así mismo una superioridad moral que le permite en todo momento disimular la realidad de su aislamiento. Su cultura narcisista lo ha llevado a la ruina antisocial. No evoluciona ni interactúa fuera de su propia red de contactos. Se anuncia como un representante autoproclamado de la sociedad abierta. Ha conseguido, sin ningún conflicto, distanciarse de las clases populares, por eso le cuesta salir a la calle, porque ha dejado de identificarse con las personas.

Bueno, lo voy a decir. No me gusta la serie de Neflix sobre Cien años de soledad. Pero sí le hace justicia a un dirigente que sin ser de la estirpe de los Buendía ni llevar cien años, ya son más de seis los que está enfrentado a su completa soledad, en ese imaginario Macondo que para él es la Moncloa.

Manuel García Félix

Diputado en Cortes por la provincia de Huelva.