El Autócrata

Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez

El reciente encuentro en el palacio de la Moncloa entre el líder del Partido Popular y el presidente del gobierno para informar sobre el aumento del gasto en defensa, ha provocado una total indignación en gran parte de la opinión pública. La cuestión es que se teme lo peor, y que de nuevo sea capaz de esquivar la Constitución utilizando el poder ejecutivo para decidir algo que le corresponda al legislativo de pleno derecho. Es por otro de los motivos por los que Alberto Núñez Feijóo ha calificado a Pedro Sánchez de autócrata. Este episodio reaviva el debate sobre los límites del poder en democracia y la delgada línea que separa la autoridad legítima del autoritarismo.

La democracia se basa en la división de poderes, la rendición de cuentas y la participación ciudadana. En un sistema democrático, las decisiones deben someterse a debate y consenso, respetando el pluralismo político y la legalidad institucional. En cambio, la autocracia se caracteriza por la concentración del poder en una sola persona o grupo, el debilitamiento de los contrapesos institucionales y la reducción del espacio para la oposición política. La democracia es el poder del pueblo, por el contrario, la autocracia es el poder de alguien que gobierna una institución. Y estos tiempos ya debieran estar superados.

Por otro lado, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha desempeñado un papel clave en la política internacional de España. Sin embargo, su gestión ha estado marcada por decisiones controvertidas que han generado críticas tanto dentro como fuera del país. En el contexto de la guerra de Ucrania y la presión de Estados Unidos y la Unión Europea para incrementar el presupuesto de defensa, España ha adoptado una postura ambigua, oscilando entre el compromiso con la OTAN y la retórica interna dirigida a una parte del electorado que recela de un mayor gasto militar, amen de tener una frontal contestación de sus socios de gobierno.

La política exterior española ha mostrado signos de falta de firmeza en asuntos clave, como la crisis con Marruecos, la posición frente a América Latina y la gestión de las relaciones con socios europeos. Albares ha intentado mantener un equilibrio difícil entre las exigencias de Bruselas y Washington y la distorsionada dinámica interna, pero el resultado ha sido una política exterior poco clara y sujeta a vaivenes. Y la reputación de España bajo mínimos.

Para comprender mejor la importancia de una política de Estado basada en el consenso y en principios sólidos, es útil recordar a los padres fundadores de la Unión Europea: Robert Schuman, Jean Monnet o Konrad Adenauer. Que supieron anteponer el interés común europeo a las disputas partidistas y construyeron una Europa basada en la cooperación, la estabilidad y el desarrollo económico.

Lo que Feijóo le ha dicho a Sánchez no es casual. En los últimos años, hemos visto una tendencia en la que el gobierno ha tomado decisiones sin suficiente o ningún debate parlamentario, utilizando decretos leyes de forma recurrente y reduciendo el margen de actuación de las instituciones que deberían actuar como contrapeso. Una decisión unilateral en este asunto supondría un atropello a la separación de poderes y asumir competencias el ejecutivo que le corresponden a las cortes. Es preocupante que se normalicen prácticas que limitan el control parlamentario o que se evite la rendición de cuentas con mecanismos muy poco claros.

Lo cierto es que una democracia saludable necesita diálogo, control institucional y transparencia. En este sentido, el fondo del debate sigue siendo pertinente: ¿hasta qué punto las decisiones del ejecutivo respetan el equilibrio de poderes? La respuesta a esta pregunta afectará a las nuevas generaciones y definirá la calidad de nuestra democracia en los próximos años.

Manuel García Félix
Diputado Nacional en el Congreso por la provincia de Huelva