La Policía Nacional
En este tiempo de receso en el periodo de sesiones y casi en el crepúsculo estival, me vienen a la memoria las visiones que hacen posible el buen desarrollo de la actividad en el Congreso. Cuando cruzamos el umbral del palacio de la Carrera de San Jerónimo, lo primero que encontramos más allá de los ecos de la historia parlamentaria, es la mirada atenta y serena de los agentes de la Policía Nacional. Ellos son los guardianes discretos de nuestra democracia, los centinelas de un templo donde la palabra se convierte en ley. Y, sin embargo, su labor es tantas veces silenciosa, tantas veces invisible, aunque es absolutamente esencial.
La Policía Nacional, además de ser una institución de donación a la ciudadanía; es también un cuerpo con hondas raíces históricas en la construcción de España. A lo largo de los años, ha evolucionado, se ha adaptado a los cambios políticos y sociales, pero siempre ha mantenido intacta su razón de ser: la defensa de la seguridad, del orden y de las personas. Y en ese marco, la vigilancia del Congreso adquiere una dimensión singular, porque en estas salas y pasillos, se expresa la voluntad del pueblo y se plasma la soberanía nacional. Son los escoltas de la memoria colectiva de las Cortes.
No se trata por lo tanto únicamente de custodiar un edificio monumental cargado de símbolos. La misión de los policías nacionales en el Congreso es mucho más profunda. Ellos son avalistas del normal funcionamiento de la Cámara, cuidando la seguridad de los diputados, de los trabajadores, de los periodistas, y de todo aquel que participa en la vida parlamentaria. Su presencia transmite confianza, permite que la política fluya sin amenazas, que las sesiones transcurran con la serenidad que requiere el debate democrático.
Recuerdo, en una conversación de pasillo, una frase de un cronista parlamentario que con lucidez dejó escrita: “El Congreso respira en calma porque alguien vigila en silencio las puertas de su casa”. Esa es la esencia de este servicio. Vigilancia y silencio, firmeza y discreción, sacrificio y profesionalidad.
Son muchos, en el hemiciclo, los parlamentarios que han sabido reconocer siempre esta tarea. Entre ellos está por ejemplo el diputado Carlos García Adanero, que desde la tribuna de oradores, ha sido un firme defensor del Cuerpo, especialmente frente a las vejaciones que en su propia comunidad de Navarra han sufrido tantos agentes. En una ocasión sus palabras sonaron como un homenaje y admonición: Sin respeto a quienes nos protegen, se erosiona el respeto mismo a las instituciones.
La nobleza de la Policía Nacional se resume en una frase que un buen amigo mío, Antonio López, hoy policía en la reserva, me regaló con emoción: “El ser policía nacional es algo que se lleva en la sangre, es capacidad de servicio a la sociedad, es quien, sin conocerte de nada, no dudaría en dar la vida por ti”. Esa confesión, sencilla y rotunda, resume mejor que cualquier discurso el tuetano del compromiso de estos hombres y mujeres.
Al observarlos cada día, uno no puede dejar de reflexionar sobre el delicado equilibrio que sostienen. En un tiempo donde la política a menudo se llena de ruido, ellos nos recuerdan con su silencio que la democracia también necesita cimientos de calma y seguridad. Y esos cimientos los proporcionan ellos, con uniforme y proclividad. La historia reconocerá, como lo hace ya la gratitud ciudadana, la encomiable labor de estos protectores del Congreso. Porque más allá de los debates encendidos, de las diferencias legítimas entre partidos, hay un punto de encuentro inquebrantable, que es la deuda de respeto hacia quienes preconizan que este edificio siga siendo la casa de todos los españoles.-
Los policías nacionales son los custodios de este palacio decimonónico que inaugurara la reina Isabel II y de todas las personas que lo integramos; amparan, en definitiva, la posibilidad misma de que la palabra siga siendo libre, de que la voluntad popular se exprese sin coacción y de que la democracia tenga un refugio seguro.
Manuel García Félix
Diputado nacional en el Congreso por la provincia de Huelva