Sonrían

En estos días se está representando en el Real la ópera Rigoletto. La magistral obra musical de Giuseppe Verdi, extraordinario compositor italiano de Busseto, se desarrolla en un clima oscuro y obsesionado, bajo la maldición que profiere Monterone, anunciada ya en el preludio, y que el bufón del Duque de Mantúa la capta de creencia asumiéndola como profecía autorealizada. Todo este tormento de la ópera, todas estas figuras goyescas, parecidas a los personajes del Aquelarre o la Pradera de San Isidro, me recuerda mucho a todo lo que está ocurriendo en la situación política actual donde existe una mofa y una burla constante de nuestra Constitución.

En el acto Institucional celebrado el seis de diciembre en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso, la Presidenta Francina Armengol ha dicho en su discurso que la Constitución deja abierto el camino para decidir el modelo territorial, lo que me parece preocupante porque no lo ha dicho entre líneas, sino con todas las letras. Con esta afirmación ha destapado el tarro de las esencias, al mismo tiempo que es inversamente proporcional a lo que contempla la Carta Magna.

El precedente normativo más próximo a nuestra Constitución se encuentra en la ley de Reforma Política. La elaboró el jurista y Presidente del Congreso Torcuato Fernández Miranda en su casa de Navacerrada durante un largo fin de semana de agosto del setenta y siete, y mecanografiada en una máquina de escribir Hermes en donde quedó reflejada la voluntad política de pasar de la ley a la ley, y teniendo el argumento legal necesario para darle a Adolfo Suárez lo que necesitaba. Luego, siete padres la hicieron posible, a lo que colaboró después los pactos del mantel que como acuerdo en la sombra selló la democracia. Creo que es interesante destacar que es la única en la historia de España consensuada por todas las sensibilidades ideológicas y fuerzas políticas, a lo que contribuye que igualmente es la única votada por los españoles.

Discrepo con Pérez Reverte cuando dice que Sánchez es un político fascinante. Más bien es un político fascinado consigo mismo, abducido a sí propio y encantado de haberse conocido y de haber escrito un libro de Tierra Movediza. Es la única persona que tiene licencia para usar el eufemismo de la mentira por cambio de opinión. Es lo que hace que la gente se fie muy poco de él.

Los que anuncian a voz en grito que la Constitución necesita una reforma, lo que realmente pretenden es una transformación para reescribir el pasado. Las reformas son posibles aunque como advirtió Madison deben reservarse para supuestos de necesidad insoslayable. Nuestro ordenamiento constitucional es un texto vivo ya que no pierde nunca actualidad. En su elasticidad normativa está la base de su adaptación constante y por lo tanto, como ha dicho Teresa Jiménez Becerril, hay que celebrarla pero sobre todo hay que defenderla y cumplirla.

Me ha parecido estupenda la conferencia que escuchamos en la Sala Constitucional del Congreso en la que nuestro compañero Diputado Miguel Ángel Sastre apuntó que la Constitución es como un edificio protegido con nivel uno, es decir, con una manita de pintura y el arreglo de varias puertas y ventanas es suficiente. Concluyéndose en esta misma disertación con la palabra siempre docta y elocuente de uno de sus Padres, Miguel Roca, afirmando que: Es el día de la Constitución. Sonrían.

Sonreiremos pues, Don Miguel, pero no con la ironía de Rigoletto, sino con la alegría que tú debiste sentir al elaborarla o como la de Torcuato Fernández Miranda con su ley de Reforma Política, germen y cariátide de la Carta Magna. Y lo hacemos mientras la contemplamos al alba, aunque este al alba, interpretado en el Salón de los Pasos Perdidos, sea cada vez más oscura y opaca.

✍️ Manuel García Félix

Alcalde de La Palma del Condado

Diputado del PP en las Cortes Generales por la Provincia de Huelva