Almonaster la Real ha dado comienzo a su ciclo festivo de primavera con la celebración de una de sus tradiciones más esperadas y emblemáticas: la Cruz de Aguafría, en la pedanía homónima de apenas un centenar de habitantes. Una cita que no solo marca el arranque del calendario festivo, sino que reafirma la fuerza de la identidad cultural de esta aldea enclavada en plena sierra onubense.
El pasado fin de semana, Aguafría se llenó de vida y color para rendir homenaje a la Santa Cruz, en una festividad donde la tradición, la fe y la convivencia vecinal se entrelazan con fuerza. El Giro campestre, también conocido como el corte del chopo o "mayo", fue el acto inaugural y uno de los momentos más esperados. Se trata de una costumbre ancestral en la que los vecinos, en una salida colectiva al campo, seleccionan y trasladan un imponente chopo de más de 10 metros, símbolo de renovación y esperanza.
Junto al chopo, también se cortaron cuatro pinos que, posteriormente, se utilizaron para adornar la Santa Cruz, reflejo de la devoción y del cuidado con el que se vive cada detalle en esta celebración única. La levantada del chopo, entre palmas, vítores y emociones compartidas, marcó el inicio oficial de los festejos.
Durante tres días, la aldea se convirtió en un escenario de encuentro intergeneracional, donde la música, las flores, la gastronomía y los abrazos en torno a la Cruz reflejaron el alma de Aguafría. Una muestra viva de cómo las pequeñas comunidades mantienen intactas sus raíces, resistiendo al paso del tiempo con orgullo y fervor.
La Cruz de Aguafría no es solo una fiesta: es una declaración de amor a la tradición, una celebración del espíritu comunitario y un símbolo del profundo vínculo entre las personas y su tierra. Así, Aguafría florece con la primavera, y con ella, el corazón de todo un pueblo.