La Unidad de Burros-Limpiacostas que trabaja en las costas vírgenes de Huelva, programa a lo largo de cada año limpiezas selectivas en un litoral de alto interés medioambiental y, prácticamente, virgen.
Estos animales, que han despertado un amplio seguimiento mediático internacional ante lo novedoso de su esfuerzo, son trasladados a la playa desde su “Cuartel General” en la finca que la Asociación El Burrito Feliz posee en los bosques de Hinojos, todo bajo la organización del colectivo ecologista Mujeres por Doñana.
"Este grupo femenino amante de la naturaleza trabaja de forma totalmente altruista y asumiendo todos los costes de preparación y transporte".
Hasta ahora retiraban, de forma "ordenada y sistemática", botellas, plásticos, aves muertas o incluso señalizaban para su retirada restos de uralita con amianto de las dunas y orillas de Doñana. Tras la enorme inquietud medioambiental que ha golpeado las costas de Galicia en estos días, burritos y mujeres se preparan para afrontar la posibilidad del nuevo “enemigo” a combatir. Un adversario de pequeño tamaño pero de graves consecuencias: los pellets que han acaparado la atención de todo el país desde hace una semana. Los pellets han despertado el miedo a que estos ecosistemas se vean afectados por una marea de minúsculos residuos.
En sus reuniones de trabajo, que comienzan con un desayuno de planificación donde también acuden los burritos, estas mujeres de distintas edades y profesiones (universitarias, jubiladas o incluso una periodista), están diseñando un plan de choque para intervenir ante la más mínima evidencia de peligro en sus adoradas playas.
Los burritos de este esforzado destacamento llegaron desde el País Vasco y pertenecen a la denominada Raza De Las Encartaciones. Esta raza, de color oscuro, es de pequeño tamaño, pero se caracteriza por su enorme nobleza y buen comportamiento con los seres humanos. Cualidades que llevaron a “Mujeres por Doñana” a escoger a las burritas vascas para capitanear el proyecto de asnos limpiacostas.
Los animales no acarrean prácticamente peso en sus alforjas de recogida y, además -aseguran las ecologistas onubenses- les encanta el mar y revolcarse en esa arena cuando acaban la tarea tras sus, aproximadamente, cuatro horas de apoyo en la limpieza.
La iniciativa, del todo innovadora, ha despertado el interés de otras Comunidades Autónomas y voluntarias de “Mujeres por Doñana” han acudido invitadas al País Vasco para que asesoren a colectivos de la zona sobre la planificación, y puesta en marcha, de una unidad de rucios que limpien las playas del Cantábrico.