Cristina Rando: “Si Renfe no sabía que había dos trenes implicados, era imposible que el 112 tuviera la información correcta para actuar”
El recuerdo sigue muy presente. No como algo lejano, sino como una vivencia que aún pesa en el cuerpo y la memoria. Para Cristina Rando, el 18 de enero marcó un antes y un después. Desde entonces, su vida gira en torno a la recuperación, la adaptación y la necesidad de entender lo ocurrido tras el accidente de tren de Adamuz.
Habla con serenidad, pero sin ocultar la dureza de lo vivido. Desde el principio deja claro que su experiencia es solo una entre muchas. “Cada persona ha tenido su propia vivencia”, explica, subrayando que lo importante ahora es que “se conozca toda la verdad”.
En medio del caos inicial, recuerda la sensación de desconcierto y la falta de información clara en los primeros momentos. Con el paso del tiempo ha podido entender mejor lo ocurrido y señala un punto clave: “Si la propia oficina de Renfe no sabía que había dos trenes implicados, era imposible que el 112 tuviera la información correcta”. Por eso, insiste en la importancia de que los protocolos evolucionen y los datos que manejan los distintos servicios sean lo más completos posibles desde el inicio.
También tiene muy presente la llegada de las primeras personas que empezaron a intervenir sobre el terreno. El alcalde de Adamuz y un guardia civil fueron los primeros en personarse, en una escena que recuerda con claridad. “Recuerdo perfectamente al alcalde llevándome en peso por las vías mientras no paraba de recibir llamadas y seguía coordinando los servicios de emergencia”, relata. Poco a poco comenzaron a llegar los primeros sanitarios, en un despliegue que fue creciendo con el paso de los minutos.
El traslado posterior fue ágil gracias a la coordinación de los servicios de emergencia. Las carreteras estaban cortadas para facilitar el paso, lo que permitió llegar con rapidez al Hospital Reina Sofía, donde fue una de las primeras en ser atendida. Lo que encontró allí la impactó: “Había un despliegue de sanitarios con camillas y sillas de ruedas. Parecía una escena de película por la cantidad de médicos esperando”.
Recuerda especialmente una conversación con una médica que acababa de regresar a su puesto tras recibir el aviso del accidente. “No dudó ni un segundo en volver”, señala. A pesar de la dureza del momento, reconoce que se sintió bien atendida:“Me siento una privilegiada por la atención médica recibida”.
Su vida sigue marcada por las secuelas físicas del accidente. No lo disfraza: “Está siendo un proceso duro y lento”. A día de hoy continúa en silla de ruedas tras sufrir una rotura compleja en el empeine. Aunque fue atendida de inmediato, tuvo que pasar por quirófano al día siguiente. Ahora se encuentra en plena rehabilitación, en una etapa en la que la paciencia es fundamental. “Todavía estoy sin carga, no puedo apoyar el pie, aunque poco a poco voy viendo la luz al final de túnel”, explica.
Las dificultades afectan a lo más cotidiano. “Actividades básicas se vuelven una odisea”, admite. Pero también hay una parte invisible que pesa especialmente, "el simple hecho de subirte a un vehículo se ha transformado en un pánico que antes no existía. Es un miedo que se te queda grabado”.
En su caso, valora positivamente la atención sanitaria que está recibiendo. “Mi médica de cabecera y los rehabilitadores están siendo muy comprensivos y me siento respaldada”, cuenta, aunque matiza que cada persona ha vivido el proceso de forma diferente.
A todo ello se suma el impacto emocional de las pérdidas. En el accidente fallecieron dos de sus profesores y una vecina de Lepe. La memoria de esas personas sigue muy presente.
También aparece la frustración ante la falta de claridad en algunos aspectos. “Hay impotencia ante la ocultación de pruebas y la falta de transparencia”, reconoce. Aun así, intenta centrarse en avanzar poco a poco.
Mientras tanto, Cristina sigue adelante con su recuperación, en un proceso marcado por la paciencia y el esfuerzo diario. Su objetivo es claro: volver a caminar y que se haga justicia. Una lucha que, como ella misma explica, no es solo personal, sino también por todos los que se vieron afectados por la tragedia.