Denuncian las condiciones en las que viven algunas personas temporeras llegadas a Huelva

Temporeros cocinan de noche en la calle | Grupo Diocesano de Migraciones

Todos los años llegada esta fecha y coincidiendo con el final de la campaña de la aceituna en Jaén, miles de personas temporeras migrantes se desplazan hacia los municipios de Huelva, donde comienza la temporada de recolección de frutos rojos. Este flujo migratorio, habitual en esta época del año, trae consigo una serie de desafíos tanto para las personas trabajadoras como para las localidades que los reciben, así como para los empresarios y la propia administración.

En Lepe, uno de los puntos clave de acogida es un albergue de personas temporeras "que no es suficiente para atender la llegada masiva de estas personas", afirma el Grupo Diocesano de Migraciones de la Diócesis de Huelva. "Muchos de los recién llegados, ante la falta de espacio, se ven obligados a dormir en las calles, expuestos a las inclemencias del tiempo y en condiciones precarias. Esta situación ha generado preocupación entre las organizaciones sociales y las autoridades locales, que intentan buscar soluciones temporales para aliviar el problema sin poder dar respuestas a todos".

Temporeros viven en la calle | Grupo Diocesano de Migraciones

Asimismo, señalan que en otros municipios como Palos de la Frontera "ocurre algo similar". Recalcan que "las chabolas que fueron arrasadas por un gran incendio y que no dejaron volver a construir dejan un lugar desolador donde se concentran las personas que van llegando y sin alternativa de alojamiento lo que hace que numerosas personas duerman al raso acompañados de un fuego que los calienta para pasar de la noche",

Por otro lado, en Lucena del Puerto, según señala el Grupo Diocesano de Migraciones, "las personas temporeras que regresan a los asentamientos informales se encuentran con que sus chabolas han sido devastadas por algún que otro incendio y tampoco tienen alojamiento alternativo, algunos se afanan en volver a construirlas para pasar la temporada de trabajo". Añaden que "se ha construido un pequeño albergue pero que no está en marcha por la falta de gestión". De hecho, afirman, "estas estructuras que servían como refugio durante las campañas anteriores, han sido eliminadas en operativos de desalojo, dejando a muchos sin un lugar donde resguardarse".

En Moguer, otra localidad que recibe a cientos de temporeros, "también se desborda y se puede ver cómo están por las calles o hacinados en almacenes indignos u otro tipo de infraviviendas". En este municipio, el Grupo Diocesano de Migraciones señala que "no existe albergue para personas temporeras, están trabajando en la línea de erradicación del chabolismo habilitando unas viviendas alternativas".

Ante esta realidad, algunas de esas personas temporeras confían en que, una vez encuentren trabajo en alguna finca, les ofrezcan alojamiento en la misma propiedad, una práctica común en el sector agrícola onubense, según han indicado desde el grupo diocesano.

"La llegada de las personas temporeras a Huelva marca el inicio de una de las campañas más importantes para la economía de la región, pero también pone en evidencia las carencias en materia de infraestructura y apoyo social para estos trabajadores esenciales. Mientras tanto, las organizaciones no gubernamentales y colectivos locales redoblan sus esfuerzos para brindar asistencia humanitaria, reclamando a las administraciones públicas medidas urgentes que garanticen condiciones dignas para quienes sostienen uno de los pilares económicos de la provincia".