La ermita de Galaroza vinculada a una fiesta de origen celta en Irlanda
Brígida de Kildare o de Irlanda es una de los tres santos patronos de Irlanda, donde es muy famosa y venerada. Es considerada santa, por su espiritualidad y su dedicación a Dios, tanto por la Iglesia Católica como por la Comunión Anglicana y la Iglesia Ortodoxa. De ella se afirma que su padre fue el jefe de un clan pagano irlandés y que su madre fue una esclava cristiana. Nacida en el año 451, en Faughart, y fallecida en 525, en Kildare, en el Reino de Leinster, la santa comparte su nombre con una importante y poderosa diosa celta llamada Brigit, Brigid o Brighid, lo que ha dado pie así a mitos y leyendas en la cultura popular irlandesa que entremezclan y solapan ambas personalidades, asociándose en algunos casos sus identidades y facultades.
Pues bien, la festividad de Santa Brígida, que se celebra el 1 de febrero, fecha en la que supuestamente se dice que murió, es uno de los eventos más conmemorados por los irlandeses y se cree que guarda vínculos estrechos con ritos ancestrales que se remontan en la antigüedad a muchos siglos atrás, hasta hundir las raíces de sus orígenes en el festival Imbolc de la antigua cultura celta, fiesta dedicada a la luz y a la fertilidad que se organizaba por esa misma fecha para celebrar que los días comienzan a ser ya más largos, junto a la promesa de la llegada de una primavera fértil.
El antiguo festival celta 'Imbolc'
El antiguo festival celta 'Imbolc' del 1 de febrero está ligado también a la festividad de la diosa Brigit, a la que se relaciona con el fuego, la herrería, la luz, la poesía y la curación, representando al mismo tiempo la inspiración, la sabiduría, la adivinación, las artes, la transformación, la inmortalidad, la primavera y la fertilidad, atributos que la convierten en la protectora de los artesanos, ganaderos, agricultores, apicultores, poetas y bardos, comadronas, curanderos, sanadores y médicos.
Su nombre proviene de la palabra celta ‘Brig’, que alude a un concepto de poder o de autoridad, y que viene a significar “La Exaltada”, “La Glorificada” o “La Poderosa”, por lo que se la asocia con la salvaguarda del hogar y de las mujeres en el parto, así como con la fertilidad de la tierra y los animales.
Sincretismo entre la diosa celta y Santa Brígida
Brigit fue asociada además a luz inmortal de las llamas perpetuas sagradas, como las que eran mantenidas por 19 religiosas en un santuario de Kildare con un gran roble consagrado a la diosa celta, oratorio que se convirtió tiempo después en un centro religioso cristiano donde Santa Brígida y sus siete primeras discípulas organizaron las primeras comunidades monásticas femeninas de Irlanda.
Tras la cristianización de Irlanda, los atributos de la diosa Brigit se fundieron y se amalgamaron bajo el crisol del sincretismo religioso con la figura de Santa Brígida de Kildare, manteniéndose de esta forma su veneración en el mismo periodo del año, cerca de la Candelaria. No en vano, a Santa Brígida de Kildare, considerada la primera monja irlandesa y a la que se le atribuyen numerosos milagros, incluyendo la multiplicación de alimentos y cerveza, curaciones de enfermos y el poder de calmar las tormentas, también se la reconoce como patrona de los curanderos, poetas, herreros, lecheros y la creatividad femenina, además de protectora del ganado y de los cultivos.
Se distinguió en vida, según se narra en su historia, por su profunda caridad y la formación de las mujeres, enseñando a compartir los bienes con los más necesitados, siendo representada a través de una cruz elaborada con juncos entretejidos o hecha de paja entrelazada, uno de los más antiguos símbolos cristianos de Irlanda, llamada precisamente Cruz de Santa Brígida.
Y es precisamente a esta Santa Brígida de Kildare, copatrona de Irlanda, a quien se venera y dedica una bella ermita de origen medieval en la localidad serrana de Galaroza, que lleva su mismo nombre y cuya construcción se data entre finales del siglo XIII y principios del XIV, tras la llegada de los primeros repobladores cristianos procedentes de tierras leonesas y gallegas con la Reconquista.
Paralelismos entre las fiestas de Santa Brígida
La devoción a Santa Brígida en Galicia está también muy fuertemente unida a tradiciones celtas y precristianas que festejaban el comienzo de la primavera y “el casamiento de los pájaros”.
Del mismo modo, en las tierras de León, la veneración de Santa Brígida y su popular festividad podría vincularse al festival celta de Imbolc, preludio de la primavera y como la invocación de “un conjuro contra las tormentas y para proteger los cultivos”, lo que lleva a plantear la posibilidad de un nexo común entre todas estas tradiciones y el culto a Santa Brígida en la ermita de Galaroza, de cuya estructura medieval se conserva sola la mitad posterior y que está ubicada en lo alto de un cerro con el mismo nombre desde el que se domina con autoridad todo el pueblo y se vigilan las estribaciones del fértil valle del Múrtiga.
En su interior se encuentra la imagen de Santa Brígida, obra del siglo XIX de Agustín Sánchez. Se puede contemplar además una imagen de la Divina Pastora elaborada en barro policromado, que fue creada por Fray Juan de Galaroza, una obra datada a mediados del siglo XIX. La imagen de San Ginés, sin embargo, se perdió en la Guerra Civil.
Allí, en el Cerro de Santa Brígida, en los aledaños de la ermita, se organiza durante el Domingo de Resurrección el popular Día del Huevo y el Bollo, una antigua celebración de la que se tienen sus primeros registros en Galaroza a finales del siglo XVII. En esta fiesta los vecinos y visitantes ascienden hasta el cerro con el tradicional huevo y el bollo, que son roscas elaboradas expresamente para dicha festividad, donde disfrutan de una emotiva jornada de convivencia y romería en la que arropan a la Santa en una procesión junto a la ermita con la que se realiza cada año una bendición del pueblo y de los campos.
Curiosamente, la fiesta en honor de Santa Brígida en ciertas zonas de León conllevaba desde antiguamente también una tradición invernal en la que reuniones de jóvenes visitaban casa por casa portando una imagen de la santa, realizando una colecta de alimentos, como huevos y pan o embutido y vino, para montar una merienda popular con la que festejaban el preludio a la primavera, el aumento de las horas de luz en el día y bendecían y protegían sus casas y cultivos.
Brigit, Santa Brígida, Galaroza y las manzanas
Asimismo, otro aspecto a tener en cuenta sobre la ermita de Santa Brígida de Galaroza y su remota relación con las tradiciones y la cultura popular celta que gira en torno a la antigua diosa Brigit lo hallamos en el folclore irlandés, donde se establece una conexión con una gran carga de simbolismo entre Brigit y los huertos y las manzanas, al mencionarse que la diosa poseía o cuidaba un huerto de manzanas en el mundo de los espíritus.
Las manzanas en este contexto se abrazan con la tradición ligada a Santa Brígida, de la que se cuenta una historia donde la santa recibe una cesta de estas frutas y, sin pensárselo ni dudar, se las regaló a personas necesitadas, indicando que “lo que es mío, es de ellos”, una frase que pone de relieve su faceta como proveedora y protectora, atributos que igualmente forman parte del legado de la diosa celta.
Por ello, partiendo de que el gentilicio de los habitantes de Galaroza es el de ‘cachoneros’, y que este gentilicio deriva y hace referencia al pero “cachón”,debido a la buena fama de esta localidad serrana desde tiempos antiguos por sus cultivos de manzanas, se abre la puerta a una lejana concatenación de similitudes y coincidencias que lleva a debatir sobre las posibles reminiscencias de cultos perdidos en las primitivas creencias y devociones religiosas que se asentaron con el paso del tiempo en esta parte de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
Y es que no se puede obviar, al hilo de lo explicado, que, aunque la ermita de Santa Brígida de Galaroza estuvo en un principio bajo la advocación de San Ginés, patrón de las viñas, la pérdida paulatina de importancia del sector vinícola y el auge de sus productivas y afamadas huertas, según se detalla en la web del Ayuntamiento ‘cachonero’, acabó decantando la devoción popular en dicho emplazamiento sagrado hacia la figura de Santa Brígida, elevada a los altares como patrona y protectora de las huertas y los frutales.